La somnolencia está implicada en entre el 15% y el 30% de los accidentes de tráfico y puede intervenir directamente en salidas de vía, alcances o errores de percepción del conductor al volante, según la Dirección General de Tráfico (DGT). En su campaña de concienciación sobre los riesgos de conducir con sueño, la DGT recuerda que en 2021 la somnolencia se encontraba presente en el 7% de los accidentes mortales registrados en España, lo que se traduce, en términos absolutos, en decenas de fallecidos cada año por este motivo.

El problema afecta tanto a desplazamientos nocturnos como diurnos, y ni siquiera la falta de visibilidad o las largas distancias son las únicas causas; la falta de descanso previo y la conducción prolongada sin pausas adecuadas reducen la capacidad de reacción y atención del conductor, de forma similar a lo que ocurre tras haber consumido alcohol.

¿Qué ocurre cuando conducimos cansados?

La fatiga y la somnolencia afectan negativamente a capacidades cruciales para la conducción segura. La DGT detalla cómo el sueño al volante puede aumentar el tiempo de reacción ante imprevistos, dificultar la percepción de señales y provocar errores de comportamiento, como mantener una postura incómoda o perder concentración en momentos críticos. Además, los expertos señalan que la fatiga puede dar lugar a los llamados microsueños, breves episodios de sueño involuntario que duran solo unos segundos pero son suficientes para recorrer decenas de metros sin control del vehículo.

A nivel europeo y global, las encuestas muestran que una proporción muy significativa de conductores ha conducido al menos una vez sintiéndose somnoliento, y que este factor está presente en entre el 10% y el 25% de los accidentes de tráfico, según la Carta Europea de Seguridad Vial. Este riesgo es especialmente elevado entre jóvenes, profesionales que pasan muchas horas al volante y personas que no duermen las horas recomendadas cada noche.

Qué hacer para evitarlo

Tanto la DGT como diversos organismos de seguridad vial recomiendan medidas de prevención claras; antes de emprender un viaje largo, es fundamental asegurarse de haber descansado correctamente, procurando dormir entre siete y ocho horas para llegar al volante con la atención y reflejos necesarios. Durante el trayecto, se recomienda realizar paradas cada dos horas o cada 200 kilómetros, lo que permite recuperar la concentración y combatir la fatiga acumulada.

Además, conviene evitar conducir en los momentos de mayor somnolencia, como a primera hora de la mañana o tras la comida, y ante cualquier signo de cansancio, es imprescindible detenerse y descansar antes de continuar. Estas pautas, señaladas por la DGT, son clave para reducir riesgos y garantizar la seguridad en carretera. Estas recomendaciones no solo mejoran la seguridad de quien conduce, sino también la de otros usuarios de la carretera: peatones, ciclistas y conductores.

Una cuestión de salud y responsabilidad vial

La somnolencia al volante es una cuestión de salud pública y de seguridad vial, tan peligrosa como otros factores de riesgo más conocidos, como el alcohol o las drogas, pero con menos visibilidad mediática. Conducir descansado no es una cuestión de comodidad, sino de responsabilidad, poner la salud y la vida propias y ajenas por delante antepone la seguridad a la prisa.