España es uno de los países europeos con el parque automovilístico más viejo de Europa. Sin duda son malas noticias para la seguridad vial, porque los elementos de seguridad de los nuevos modelos, los ADAS (Sistema Avanzados de Asistencia al Conductor) y los avances tecnológicos evitan muchos siniestros viales.

Pero lo más preocupante es que una parte de ese envejecido parque automovilístico no pasa regularmente la Inspección Técnica de Vehículos, que es obligatoria e implica una sanción entre 200 y 500 euros según los casos.

El incumplimiento en no realizar la ITV es una práctica extendida y muy peligrosa para todos. Porque una gran parte de los conductores que deciden no pasarla son conscientes de que su vehículo podría no superarla. Y no pasar la ITV no es un asunto administrativo: un vehículo con las ruedas, los frenos, las suspensiones o la dirección en mal estado es una bomba de relojería para todos en la ciudad y en la carretera.

Pasar la ITV es obligatorio para todos los vehículos ligeros (motos, coches) a partir de los 4 años de la matriculación. Después de ese momento, deben pasarla cada dos años. Y a partir de los diez años, la inspección es anual en los turismos.

Una medida de seguridad obligatoria

Esta es una medida de seguridad obligatoria que deben cumplir todos los vehículos, sin que argumentos recurrentes, como que el vehículo se utiliza poco, que circula en entornos despoblados o que se circula despacio con él, puedan enmascarar que un vehículo sin ITV multiplica el riesgo de siniestro vial. De hecho, las estadísticas muestran que los siniestros viales son mucho más frecuentes en desplazamientos cortos y en recorridos muy conocidos.

Y además de la sanción, el conductor de un vehículo sin la ITV al día que sufra un siniestro puede encontrarse con que su seguro no le cubre. No sólo es un riesgo económico por tener que cubrir los daños materiales del siniestro. Es que podría encontrarse con responsabilidades penales si en el mismo se producen lesiones físicas de un acompañante o un tercero.

La conclusión es clara: pasa la ITV. Si tu vehículo está en condiciones, será un procedimiento rápido. Y si no lo está, habrá que realizar los mantenimientos o reparaciones necesarias para que pueda volver a circular con seguridad. Sin la ITV, ese vehículo pone en riesgo a su conductor, a su familia y a todos los que compartimos la vía.

Y nadie, nunca, está a salvo de producir un siniestro. Las consecuencias físicas inmediatas, o legales después, pueden ser muy graves.

Y recuerda: La ITV salva vidas.