Esta vulnerabilidad tiene consecuencias directas en su forma de trabajar: el 54 % de las mujeres al volante admite haber rechazado servicios por miedo a sufrir una agresión, lo que evidencia que el entorno digital y físico del transporte sigue siendo hostil para ellas.
La directora general de la plataforma en España, Isabel García Frontera, alerta sobre una preocupante cifra oculta: la mayoría de estos incidentes no terminan en denuncia. Muchas profesionales optan por el silencio al considerar que el sistema no les ofrece soluciones reales o que denunciar "no sirve de nada". Esta desprotección se agrava durante el turno de noche, señalado por el 60 % de las encuestadas como la principal barrera para que más mujeres decidan entrar en el sector, seguido de la falta de información y la percepción de peligro constante.
El taxi como refugio y herramienta
Paradójicamente, mientras las conductoras sufren esta inseguridad, el taxi se ha consolidado como un "espacio seguro" para las pasajeras. Más de la mitad de las usuarias utiliza este transporte específicamente para evitar el acoso callejero, especialmente de noche. Para ellas, la posibilidad de visualizar la ruta en tiempo real y la identificación clara del profesional son herramientas que refuerzan una percepción de seguridad superior a la de otros medios de transporte público o vehículos VTC.
Dentro del sector, el clima laboral presenta matices positivos. El 85 % de las taxistas asegura sentirse "bien acogida" por sus compañeros varones, lo que sugiere que el problema de acoso proviene mayoritariamente de los clientes y no del entorno profesional interno. Además, el 91 % de las encuestadas destaca la autonomía y la facilidad para conciliar la vida familiar y laboral como el mayor atractivo de este oficio, una flexibilidad difícil de encontrar en otras profesiones con horarios rígidos.
Exigencia de medidas de protección
Para romper el techo de cristal en el transporte, el estudio señala la necesidad de implementar mecanismos tecnológicos que protejan tanto a la conductora como a la clienta. El uso de botones de pánico, la grabación de audio en cabina y la trazabilidad total de los servicios son demandas crecientes para mitigar ese 69 % de experiencias negativas. La seguridad en el transporte no debe depender de la valentía de la mujer que conduce, sino de un sistema que garantice su integridad en cada trayecto.
En definitiva, el informe pone sobre la mesa una realidad dual: el taxi es una profesión que ofrece libertad y conciliación, pero que aún exige un "peaje" de vulnerabilidad que muchas mujeres no están dispuestas a pagar. Combatir el acoso en el taxi es un paso imprescindible para democratizar el espacio público y asegurar que las calles, ya sea caminando o al volante, dejen de ser un escenario de riesgo para las mujeres.

