Entre las víctimas protegidas se encuentran colectivos especialmente vulnerables. Más de 1.200 son menores de edad y cerca de 2.500 superan los 65 años, dos grupos que requieren una atención específica por su mayor dependencia y dificultad para romper el vínculo con el agresor. A esta realidad se suma un factor clave de riesgo: la maternidad, presente en más de la mitad de los casos activos registrados.

La maternidad y la infancia, en el centro del riesgo

De las mujeres que viven con protección policial, más de 53.000 tienen menores a su cargo. En muchos casos, la violencia no se limita a la pareja o expareja, sino que se extiende al entorno familiar. Actualmente, más de 1.500 niñas y niños viven también bajo protección policial al encontrarse en riesgo directo de sufrir agresiones por parte de los maltratadores de sus madres.

La violencia vicaria, aquella que utiliza a los hijos como instrumento para causar el máximo daño posible a la mujer, sigue creciendo. Los datos reflejan un aumento significativo de menores en riesgo, algunos de ellos en situaciones catalogadas como extremas o de alto peligro vital. Desde que en 2019 el Ministerio del Interior comenzó a evaluar de forma específica la situación de estos menores, se han detectado miles de casos de exposición a una violencia potencialmente grave o letal.

Riesgo extremo con vidas en peligro

El sistema VioGén no solo registra denuncias, sino que evalúa el nivel de riesgo al que está expuesta cada víctima para asignar medidas de protección adecuadas. En la actualidad, varias decenas de mujeres se encuentran enniveles de riesgo extremo o alto, situaciones en las que se teme seriamente por su vida. Otras miles permanecen en niveles de riesgo medio o bajo, lo que no significa ausencia de peligro, sino una vigilancia ajustada a la probabilidad de reincidencia del agresor.

En el caso de los menores, el panorama es igualmente alarmante. Algunos niños y niñas están catalogados en niveles extremos de riesgo, mientras que miles más viven en entornos considerados de especial relevancia por la elevada probabilidad de que sufran violencia muy grave. Estos datos evidencian que la violencia de género no afecta solo a quien la denuncia, sino que deja una huella profunda en toda la estructura familiar.

VioGén; un sistema clave pero insuficiente

El sistema VioGén se puso en marcha en 2007 como herramienta policial para el seguimiento y protección de las víctimas de violencia de género, en cumplimiento de la Ley Integral de 2004. Desde entonces, ha evolucionado para incorporar la evaluación del riesgo de los hijos e hijas de las mujeres maltratadas, trasladando los casos más graves a juzgados y fiscalías para activar medidas de protección urgentes.

Detrás de cada evaluación hay un cuestionario exhaustivo, en constante actualización, basado en investigaciones científicas y en la experiencia acumulada de profesionales de distintos ámbitos. En los últimos años, el sistema ha analizado cientos de miles de casos y ha permitido identificar a decenas de miles de agresores, muchos de ellos reincidentes, lo que refuerza la idea de que el control y el seguimiento son esenciales para prevenir nuevas agresiones.

Pese a la magnitud de los datos oficiales, los especialistas coinciden en que estas cifras solo representan una parte del problema. Se estima que únicamente se denuncian dos de cada diez casos de violencia de género, lo que deja fuera del sistema de protección a miles de mujeres y menores que conviven a diario con el maltrato.

Esta realidad subraya la necesidad de seguir reforzando los mecanismos de prevención, protección y sensibilización social. La violencia machista no es solo una cuestión de seguridad, sino un problema estructural que exige una respuesta colectiva, sostenida y firme. Porque detrás de cada número hay una vida, y detrás de cada silencio, un riesgo que no puede seguir normalizándose.