Una nueva herramienta basada en inteligencia artificial ha llegado al Museo del Prado con la intención de mejorar la experiencia del visitante. Esta iniciativa marca un hito en la integración de la tecnología en algo tan creativo como es el arte, ya que abre una nueva vía para conectar con el público dentro de la pinacoteca.

Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial está produciendo una transformación digital en la forma de concebir la creación, lo que contrasta con este tipo de iniciativas. No todo el mundo ve como algo positivo la creación de arte mediante inteligencia artificial, especialmente los artistas, ya que preocupa el uso de estilo personal en los modelos y la imposibilidad de competir contra los tiempos de producción automatizados.

“Photo Prado”: El uso de la IA en los museos

Las imágenes generadas con IA han llegado al Museo del Prado a través de la nueva aplicación Photo Prado, la cual se ha convertido en una aliada para crear un recuerdo único. Esta herramienta, desarrollada junto a Samsung, permite a los visitantes integrarse dentro de una postal personalizada con las obras icónicas y espacios del museo, ya que en el propio museo no están permitidas las fotografías.

En este caso, la tecnología se integra en la experiencia del usuario sumándole valor y ofreciéndole una alternativa creativa y ordenada para conservar un recuerdo personal, lo que evita distracciones, aglomeraciones o usos inadecuados del móvil durante el recorrido. Sin embargo, este buen uso de la inteligencia artificial colisiona con la realidad del mundo artístico, donde el arte generado con IA intenta sustituir el esfuerzo por la inmediatez.

La trampa del “prompt”

Las buenas intenciones del uso de la IA en el arte, como ocurre en la aplicación Photo Prado, marcan una línea entre el uso ético de estas herramientas y la suplantación del trabajo artístico. Aunque algunos artistas lo ven como una oportunidad para explorar nuevas formas de creación, muchos otros lo critican al considerar que este movimiento pone en riesgo sus profesiones e ingresos.

El problema empieza con la generación del prompt y los resultados que produce. La habilidad técnica y creativa se cambia por la destreza lingüística. Solo hay que redactar de forma muy concreta las instrucciones en un texto o, incluso, adjuntar referencias visuales. Pero ¿por qué esto supone un problema? La realidad es que las imágenes generadas mediante modelos de IA generativa no se crean de cero ni tienen una base creativa propia. El resultado obtenido a través del prompt se consigue gracias a un entrenamiento previo realizado con millones de obras diferentes almacenadas en internet mediante web scraping. A partir de esto, los algoritmos aprenden patrones y estilos visuales que reproducen y replican con una exactitud asombrosa. Estas obras pertenecen a diferentes artistas que, en muchos casos, ni siquiera han dado su consentimiento para que sus obras sean usadas y no reciben ninguna retribución por ello.

La inmediatez de estas creaciones a base de prompts no solo abre un dilema en torno a los derechos de autor y la propiedad intelectual. También amenaza con precarizar aún más la profesión artística. Muchos artistas han dedicado años a perfeccionar su técnica para ahora encontrarse con un mercado inundado de creaciones sintéticas y automatizadas. De manera que el debate sobre el uso de la IA en el arte va más allá de las posibilidades creativas que ofrece, ya que plantea cuestiones fundamentales sobre la autoría, el consentimiento y el valor artístico.

“Pharmakon”

El impacto de la inteligencia artificial en la creación artística no tendría por qué quitar el sentido a lo que se conoce como arte en la actualidad. El teórico de los medios, Jussi Parikka, afirma que esto no ocurrirá y que lo realmente importante es diferenciar entre la generación superficial de imágenes y aquellos usos en los que la máquina se transforma en una lente crítica de su tiempo, manteniendo de esta manera su esencia.

Además, asegura que en el futuro, no habrá una categoría que sea “arte con IA”, ya que la tecnología estará integrada completamente de forma natural en los ámbitos creativos como un medio más. Esta convivencia inevitable presenta el desafío de asumir la ambivalencia de una herramienta a la que Parikka denomina pharmakon digital, recuperando la idea del remedio griego que podía usarse para curar o envenenar según el uso que le dieran.