En 1970el profesor japonés Masahiro Mori explicó por primera vez la teoría del valle inquietante o uncanny valley.Esta teoría describe el fenómeno psicológico en la interacción con robots o inteligencia artificial con rasgos humanoides. Nuestra respuesta emocional experimenta cambios repentinos que van de la empatía a la repulsión en función de lo cercana que sea su apariencia a la humana. Mori observó que nuestra empatía aumentaba a medida que el parecido o el comportamiento es más humano debido a la familiaridad. Pero este vínculo tiene un límite.
Fabian Grabenhorst, profesor de psicología experimental en la Universidad de Oxford, profundizó en este punto. Su estudio señala que nuestro cerebro asigna un valor de agradabilidad a las cosas que vemos, porque utilizamos la corteza prefrontal ventromedial que actúa como un filtro. Si esta área detecta inconsistencias entre rasgos humanos y artificiales, el cerebro lo interpreta como una señal de error y transforma esta conexión emocional en un rechazo instintivo. Es en este valle donde las pequeñas imperfecciones activan una alerta cerebral que genera disonancia cognitiva. El objeto se reconoce como humano, pero se percibe como extraño o inerte, lo que convierte la curiosidad en desconfianza.
El robot nos resulta lo suficientemente familiar como para reconocerlo, pero estos pequeños fallos o imperfecciones le hacen parecer extraño ante nuestros ojos. De manera que nuestro cerebro reacciona con desconfianza y rechazo porque lo percibe como un humano defectuoso. En pocas palabras, el uncanny valley es el rechazo y desconfianza instintivo que sentimos hacia una tecnología que intenta imitar la humanidad con casi una precisión total, pero que falla en los detalles más sutiles.
¿Por qué surge este término en la IA?
Este término ha pasado de la robótica a cualquier entidad digital realista, como la inteligencia artificial. Actualmente, existen tres teorías que explican por qué el concepto del uncanny valley es relevante en la IA, abarcando desde lo psicológico a lo evolutivo. Cuando un algoritmo o inteligencia artificialse comporta como un ente vivo nos genera una disonancia cognitivaque provoca nuestro rechazo, ya que inconscientemente dudamos sobre cómo interactuar con él. Además, este rechazo podría estar relacionado con la propia evolución, es decir, nuestro cerebro puede percibir a estas entidades digitales como rivales o incluso amenazas como ocurría en la antigüedad con otras especies. Por último, este fenómeno también puede relacionarse con el miedo ancestral hacia lo no muerto(vampiros, fantasmas o zombis). Las imperfecciones de estos avatares pueden dar la impresión instintiva de ser cadáveres animados y los percibimos como una amenaza biológica.
Por otro lado, el aumento del sentimiento anti-IA también refleja este rechazo. Según varios estudios estadounidenses, el 76 % de la población no confía en las interacciones con la IAy al 55 % de los ciudadanos les preocupa el avance de la inteligencia artificial. La imitación imperfecta de lo humano en el mundo digital genera desconfianza. Esta sensación de valle inquietante se ha convertido en la principal barrera psicológica.
¿Afecta al contenido que consumimos?
Aunque los robots son los principales causantes de este fenómeno, el avance de las tecnologías ha asentado este miedo y rechazo en otros ámbitos como la animación digital(The Polar Express, Shrek, Cats), los videojuegos(Final Fantasy) o la inteligencia artificial generativa. La falta de expresividad o los movimientos discordantes son algunos de los fallos que generan rechazo, ya que se percibe como algo que parece humano pero tiene un comportamiento demasiado artificial.
Compañías grandes como Disney están buscando soluciones hibridas para combatir este problema en sus aminaciones.Su objetivo es evitar que nuestro cerebro rechace este contenido creado por CGI al combinarlo con un renderizado neuronal. El resultado es visualmentemenos inquietante y permite mostrar los rostros de forma más fluida y consistente lo que evita las imperfecciones que delataban el uso de CGI. Con el uso de esta tecnología se busca que el espectador no analice la técnica y conecte emocionalmente saltándose la barrera del valle inquietante.
