El uso de internet entre las personas mayores ya no es una asignatura pendiente en España. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, un 85,5 % de los hombres y un 85,4 % de las mujeres de entre 65 y 74 años ha utilizado la red en los últimos tres meses, lo que confirma una adopción tecnológica plenamente consolidada en la franja sénior. Sin embargo, la brecha digital ha cambiado de naturaleza: ya no se trata de saber manejar un teléfono inteligente, sino de poder distinguir si el contenido que aparece en la pantalla es real o ha sido generado por una inteligencia artificial.
Esta barrera invisible deja a muchas personas expuestas a un ecosistema de desinformación y fraudes mucho más sofisticado que el de hace apenas un par de años. Un estudio publicado en Think Global Health advierte de que, aunque la mayoría de las personas mayores dominan el entorno digital cotidiano, la velocidad a la que evoluciona la IA dificulta la detección de las sutiles imperfecciones de las imágenes, los vídeos o las llamadas de voz sintéticas. La vulnerabilidad ya no se debe a una falta de competencias digitales básicas: bebe del realismo extremo de las nuevas herramientas que usan los ciberdelincuentes.
El auge de las estafas ultrapersonalizadas
Uno de los engaños que más ha crecido en los últimos meses es la evolución del clásico timo del familiar en apuros. La Comisión Federal de Comunicaciones de EE. UU. alerta de que se están empleando herramientas de IA generativa para clonar la voz de allegados a partir de breves fragmentos de audio extraídos de sus propias redes sociales. Con esa muestra, simulan situaciones de emergencia en las que solicitan dinero de forma urgente. El impacto emocional que causa escuchar la voz de un ser querido pidiendo ayuda invalida muchas de las precauciones habituales.
Caer en la trampa ya no es cuestión de ser más o menos torpe con la tecnología, sino de lo bien construida que esté la estafa. De hecho, la revista Journal of Accountancy destaca cómo la IA generativa y el procesamiento del lenguaje natural permiten también confeccionar correos electrónicos, contratos o notificaciones bancarias falsas con una precisión casi perfecta, elevando los casos de fraude financiero en este colectivo.
Estrategias para contrastar la información
En este contexto, la protección debe pasar por reforzar las pautas de verificación rutinarias y entrenar el espíritu crítico. Publicaciones y portales especializados como Bright Horizons o el blog de ciberseguridad de la Universidad de Fordham recomiendan incorporar estos hábitos para prevenir cualquier intento de fraude:
- Aplicar la regla de la pausa. Cuando un mensaje o llamada urgente genere angustia, lo primordial es detenerse y esperar unos minutos antes de actuar. Las prisas y el chantaje emocional son el motor principal de la extorsión.
- Verificación directa y llamada de vuelta. Ante la mínima duda, colgar de inmediato y llamar directamente al familiar por la vía telefónica habitual, nunca respondiendo al número entrante ni a los datos facilitados en el mensaje sospechoso.
- Acordar una palabra clave. Establecer una frase o código secreto entre los miembros de la familia permite confirmar la identidad de forma instantánea en caso de que alguien pida ayuda o dinero por teléfono.
- Identificar anomalías en audio y vídeo. La voz sintética suele presentar pausas antinaturales, ritmos del habla planos o tonos robóticos. En imágenes o vídeos, conviene fijarse en parpadeos extraños, problemas de simetría o sombras ilógicas.
- Limitar la huella de voz en redes. Reducir la publicación de vídeos o audios en perfiles públicos dificulta que los algoritmos recopilen muestras suficientes para clonar una voz.
- Proteger las cuentas con verificación en dos pasos. Activar la autenticación de doble factor en el correo y la banca móvil, además de configurar alertas por transferencias, añade una capa extra de seguridad.
