La ciberseguridad ya no se limita a las pantallas ni a los servidores corporativos. Durante años, la principal preocupación de empresas y usuarios era la filtración de contraseñas, el espionaje o la extorsión mediante ransomware (programas maliciosos que secuestran datos a cambio de un rescate). Sin embargo, la tecnología cotidiana ha dado un salto: electrodomésticos e instalaciones que antes eran puramente mecánicos (como una nevera, una aspiradora o un sistema de climatización) ahora tienen capas de conectividad, sensores y automatización que los vinculan directamente a la red. Esta hiperconectividad posibilita que las amenazas trasciendan el mundo virtual para provocar pérdidas materiales.

El cibersabotaje físico representa precisamente este cambio. Cuando los atacantes toman el control de un sistema de climatización, de una red de refrigeración o de la maquinaria de un almacén, las consecuencias van mucho más allá del ámbito digital: alimentos estropeados, desabastecimiento de productos básicos y comercios obligados a cerrar la persiana. Cuantos más aparatos se conectan a la red, más puertas se abren a este tipo de riesgos.

La refrigeración industrial como nuevo objetivo estratégico

La vulnerabilidad de los dispositivos conectados ha quedado al descubierto en episodios recientes dentro del sector de la distribución alimentaria. Un grave incidente informático afectó al 80 % de los establecimientos de la cadena de supermercados Système U, en Francia, lo que obligó a paralizar la actividad comercial y puso en evidencia el impacto operativo del problema. Algo similar ha sucedido en otros países europeos, como Bélgica, Suecia o Finlandia. La intrusión derivó en un fallo masivo en los sistemas de refrigeración comercial que provocó la pérdida de toneladas de productos frescos y congelados.

Este tipo de acciones demuestra que los atacantes han detectado en la cadena de frío un punto crítico de alta presión. Las investigaciones sobre quién estuvo detrás del sabotaje a los frigoríficos de los supermercados franceses señalan que la manipulación remota de sensores de temperatura o de termostatos inteligentes no requiere de un acceso complejo a la red central de una compañía, sino que basta con explotar brechas de seguridad en el Internet de las Cosas (la red de objetos cotidianos conectados a la web, como televisores, altavoces inteligentes o cámaras de vigilancia).

Cómo proteger los equipos conectados

Aunque las grandes empresas e infraestructuras son los objetivos prioritarios por el impacto económico que se puede generar, la discusión sobre si un ciberdelincuente podría acceder a un frigorífico doméstico o al de un pequeño comercio invita a reflexionar sobre la importancia de la prevención. Al fin y al cabo, no se trata de una preocupación exagerada: la relevancia del problema ha llevado a que el Pentágono investigue fallos en los congeladores de sus bases militares como un probable ciberataque.

Por suerte, proteger los dispositivos que se usan a diario no exige grandes complicaciones. Informes de firmas especializadas en ciberseguridad, recogidos por Cybersecurity Dive en relación con las vulnerabilidades del Internet de las Cosas, subrayan la conveniencia de revisar de vez en cuando los equipos vinculados a la red. También, según un análisis publicado por la BBC sobre la protección de aparatos inteligentes, gestos tan sencillos como actualizar con frecuencia el firmware (el programa interno que hace funcionar el equipo), crear una red Wi-Fi independiente para los electrodomésticos y cambiar las contraseñas que vienen de fábrica son la mejor barrera para mantener cualquier entorno fuera del alcance de terceros.