A finales de abril de 2026, la oficina de abogados Gerben IP informó sobre las nuevas solicitudes de registro de marca presentadas por Taylor Swift, una de las mayores artistas a nivel mundial. Este movimiento busca ser una acción de defensa individual,pero, también, implica un punto de inflexión en la industria de la música, ya que traslada la identidad vocal al marco de la propiedad comercial e industrial.
En un contexto donde la inteligencia artificial puede replicar timbres y estilos con una precisión asombrosa(deepfakes), la artista ha optado por blindar sus rasgos identitarios como si fueran logotipos o elementos corporativos.
El funcionamiento legal de las marcas sonoras
Hasta ahora, el derecho a la propia imagen servía para proteger la dignidad y la privacidad de los individuos, pero convertir la voz en una marca registrada ofrece herramientas mucho más contundentes en el mercado de la propiedad intelectual. La cantante puede denunciar cualquier uso que genere confusión en el público o que intente aprovecharse de su reputación comercial sin permiso.
Esta vía legal es especialmente relevante porque permite actuar contra las imitaciones generadas por software que, técnicamente, no han utilizado un archivo de audio original protegido por derechos de autor. Si un modelo de inteligencia artificial crea una canción nueva con una voz que el consumidor identifica claramente como la de Taylor Swift, la artista podría reclamar una infracción de marca, un proceso que suele ser más rápido y efectivo que las demandas por difamación o derechos de imagen tradicionales.
La respuesta legislativa ante los deepfakes vocales
La estrategia de la cantante ocurre en medio de una intensa actividad legislativa para regular la inteligencia artificial generativa. En marzo de 2024, el estado de Tennessee aprobó la ELVIS Act(Ensuring Likeness Voice and Image Security Act), convirtiéndose en la primera ley en proteger específicamente la voz de los artistas frente a la IA. Según el análisis del Chicago-Kent Journal of Intellectual Property, es pionera porque reconoce que la voz humana es un elemento de la propiedad que puede ser protegido y defendido legalmente frente a imitaciones sintéticas.
En Estados Unidos, también se está impulsando el NO FAKES Act. Esta propuesta de ley busca establecer que toda persona tiene un derecho de propiedad sobre su voz e imagen, permitiendo que estas protecciones se mantengan incluso de forma póstuma. El objetivo es evitar que los legados de figuras públicas sean explotados indefinidamente por modelos de IA sin el consentimiento de sus herederos. Esto crearía un estándar de seguridad jurídica que actualmente es inexistente en muchos países.
Impacto en el sector creativo y percepción ciudadana
El debate sobre la protección de la identidad vocal ha trascendido los despachos de abogados para convertirse en una preocupación social. Un estudio realizado por la Human Artistry Campaign indicó que el 92 % de los ciudadanos considera necesario implementar regulaciones más estrictas para proteger la voz y la imagen de las personas frente a los avances tecnológicos. Organizaciones como el sindicato de actores SAG-AFTRA han manifestado que el uso de simulaciones digitales debe ser objeto de negociación y compensación económica, ya que afecta directamente al valor del trabajo artístico.
Por su parte, Moisés Barrio, experto en Derecho Digital, señala que la inteligencia artificial generativa ha forzado una revisión profunda de la propiedad intelectual. El desafío radica en que muchos de estos modelos de software se han entrenado utilizando bases de datos masivas que incluyen voces y rostros protegidos sin haber obtenido autorización previa. Y en este caso, la voz no sería solo un medio de expresión, sino un dato biométrico que requiere una protección jurídica reforzada en el entorno digital.
Exigencias técnicas y límites de la marca registrada
Obtener el registro de una voz como marca no es un proceso automático ni sencillo. La Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos(USPTO) requiere que el solicitante demuestre que su voz posee una“distintividad” suficiente, es decir, que el público la reconozca de manera inequívoca. Este proceso administrativo suele prolongarse entre 12 y 18 meses y conlleva un análisis técnico riguroso de las frecuencias y matices que hacen que esa identidad vocal sea irrepetible.
De todas formas, el éxito de la iniciativa de Taylor Swift podría marcar el camino para el resto de la industria. La creación de precedentes como este podría presionar a las plataformas tecnológicas a implementar sistemas de reconocimiento vocal más avanzados que garanticen que la tecnología se utilice de manera ética y respetuosa con los derechos individuales.
