Los juegos en línea tienen muchos atractivos: pueden ofrecer diversión, un espacio de interacción con otros, oportunidades únicas para aprendizaje e incluso un diagnóstico temprano de enfermedades neurodegenerativas. Y, aunque su popularidad los hace un pasatiempo preferido, también presentan algunos riesgos que las familias deben tener en cuenta para acompañar a los menores.
Los beneficios de los videojuegos en línea
Los videojuegos en general tienen muchos aspectos positivos: fomentan habilidades como la coordinación, la memoria visual, el pensamiento crítico o la creatividad.
Los videojuegos online tienen la característica de que el usuario se conecta a la red, un entorno en el que puede interactuar con otras personas para jugar y colaborar. Este tipo de entretenimiento es un gran punto de encuentro entre los jóvenes: 84.5 % de los chicos y 69.7 % de las chicas juegan a videojuegos en línea. Así, el ordenador se convierte en una ventana para socializar y mantener el contacto con otras personas de su entorno.
Cuando se juega de manera responsable, estos juegos pueden ser una forma saludable de pasar el tiempo y de desarrollar nuevas habilidades. Sin embargo, es importante establecer límites y medidas para que no se convierta en un peligro.
5 riesgos de jugar online
Desde ciberacoso hasta estafas económicas, ¿a qué riesgos se enfrentan los gamers más jóvenes?
- Contacto con personas desconocidas: en muchos juegos online, es posible interactuar con personas que no conocen. Esto expone a los menores a riesgos como el grooming o el ciberacoso por parte de usuarios anónimos.
- Contenidos inadecuados: aunque muchos videojuegos tienen filtros de seguridad, los menores pueden encontrarse con enlaces a contenido inapropiado, como violencia extrema o material sexual.
- Riesgos económicos: las compras dentro de los juegos, conocidas como micropagos, pueden convertirse en un problema si no se controlan. Los niños pueden gastar dinero sin darse cuenta o ser manipulados por la publicidad persuasiva.
- Problemas de salud: el uso excesivo puede afectar la salud física y emocional de los menores. La falta de sueño, el sedentarismo, la irritabilidad o ansiedad son algunos de sus efectos.
- Pérdida de privacidad: los chats son espacios de interacción con personas nuevas. Información sobre a qué colegio asisten, cómo se llaman o cuántos años tienen pueden poner en riesgo su integridad si caen en las manos equivocadas.
El papel de las familias en un juego seguro
Los peligros son reales, pero esto no significa que no puedan prevenirse. Acompañar a los niños, niñas y jóvenes según sus diferentes edades es una manera de asegurarse que estén a salvo.
Establecer un horario ayudará a que los videojuegos no interfieran con su rendimiento académico, su sueño y su vida social fuera de las pantallas. Así mismo, establecer un lugar de juego—por ejemplo, un espacio común como el salón— es una forma de verificar que estos horarios se cumplan y, al mismo tiempo, de que los videojuegos no se conviertan en parte del mundo privado de los menores, sino en una experiencia que pueden compartir con el resto de los integrantes de la familia.
Las familias pueden también revisar los controles parentales y la configuración de privacidad. De esta forma, podrán regular quiénes pueden ver su perfil, bloquear compras en el juego, restringir contenidos inadecuados y limitar chats con desconocidos.
Enseñar a los menores cuáles son las señales de alarma en caso de estafas, enlaces perniciosos o contacto con personas malintencionadas, es tan importante como establecer un espacio de comunicación. De esta forma, los gamers podrán preguntar o informar a sus familias cuando algo haya ocurrido, sabiendo que siempre pueden contar con ellos.
