Luis Ros iba en su moto cuando chocó contra la puerta de un taxi, que abrió una pasajera al bajar. Fue entonces cuando surgió la idea de crear unos retrovisores para los asientos traseros. Poco a poco desarrolló ese pensamiento hasta que lo convirtió en una patente destinada a ser implantada en los coches, y  expandida a nivel mundial.

De momento, además del sector del taxi, se han interesado por  el invento aseguradoras, autoescuelas, particulares y fabricantes de vehículos. Tras obtener la Medalla de Oro en el 38º Salón Internacional de Invenciones de Ginebra, también recibió solicitudes de otros países.  

"En el extranjero existe una mayor sensibilización y ya hay iniciativas como el spot de TV de Securité Routière,  en Francia,  sobre el riesgo de la apertura de puertas de los coches y sus fatales consecuencias" señala Luis.

El pasado 28 de septiembre el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad una Propuesta no de Ley que instaba a incentivar el uso de los retrovisores traseros, es decir, promovía  su instalación en los coches actuales y  su incorporación de fábrica. Asimismo, está previsto que la DGT  y otras entidades  pongan en marcha campañas de sensibilización al respecto.

Luis pretende que su invento  sirva "para evitar esta tipología de accidentes y sus consecuencias".  Además se siente muy orgulloso de "poder aportar este dispositivo a la humanidad y saber que gracias a él se evitarán accidentes de tráfico y sus trágicas consecuencias".

Por eso la iniciativa continúa. De momento  se han vendido  20.000 Retrovisores TRSI para los taxis del área metropolitana de Barcelona. Además se comercializarán más unidades a través de Internet y otros canales de distribución como gasolineras o  asociaciones de automovilistas. El objetivo es que todos los coches lleven los retrovisores para los asientos traseros y de esa manera se reduzcan las muertes por falta de visibilidad  en esos casos.