Se trata exactamente del mismo número de víctimas mortales registrado en abril de 2025, un dato que, si bien no empeora, se produce en un escenario de mayor riesgo, con un incremento del 2,95 % en los desplazamientos de largo recorrido. Las carreteras convencionales vuelven a confirmarse como el escenario más crítico, concentrando el 78 % de los fallecimientos, lo que subraya la peligrosidad de las vías de un solo carril por sentido frente a las autopistas y autovías.
Uno de los puntos más preocupantes del informe mensual es el repunte de la mortalidad entre los ciclistas. Mientras que otros grupos han visto reducidas sus cifras, 10 usuarios de bicicleta fallecieron en abril, seis más que en el mismo periodo del año anterior. En cuanto a la tipología de los accidentes, se observa un cambio en la dinámica de riesgo: aunque las salidas de vía han descendido, han aumentado significativamente las colisiones frontales y múltiples, que se cobraron la vida de 28 personas. Este tipo de siniestros suelen estar vinculados a distracciones o maniobras de adelantamiento inadecuadas en vías secundarias.
El factor humano y los sistemas de seguridad
A pesar de las constantes campañas de concienciación, el factor humano y el desprecio por las normas básicas de protección siguen costando vidas. Durante el mes de abril, nueve de los fallecidos no utilizaban los dispositivos de seguridad obligatorios en el momento del accidente. Seis conductores de turismo viajaban sin el cinturón de seguridad y tres usuarios de vehículos de dos ruedas (dos ciclistas y un motorista) no hacían uso del casco. Estas cifras ponen de manifiesto que, incluso en 2026, una parte de la población sigue infravalorando elementos que son determinantes para la supervivencia en caso de impacto.
Por zonas geográficas, Andalucía ha sido la comunidad con mayor número de fallecidos (18), mientras que la Comunitat Valenciana ha experimentado el incremento más brusco respecto al año pasado. En cuanto al reciente puente del 1 de mayo, el balance final deja 9 víctimas mortales en apenas cuatro días, la mayoría de ellas usuarios vulnerables (motoristas y peatones) y en carreteras convencionales. Este dato refuerza la necesidad de extremar la precaución en los periodos de ocio, donde la relajación al volante puede tener consecuencias irreparables.
Un respiro en el cómputo anual
No obstante, si ampliamos el foco al primer cuatrimestre del año, los datos ofrecen un matiz de esperanza para la seguridad vial nacional. En lo que llevamos de 2026, han fallecido en nuestras carreteras 278 personas, lo que supone un descenso de 65 víctimas respecto al mismo periodo del año pasado. Esta tendencia a la baja en el acumulado anual demuestra que las medidas de control y la mayor concienciación están dando frutos, aunque meses como abril recuerdan que la guardia no se puede bajar, especialmente en la protección de los colectivos más expuestos como ciclistas y motoristas.

