Noruega se suma a la reciente tendencia de regular la IA y las redes sociales: este viernes anunció la retirada de la inteligencia artificial generativa en los primeros cursos de sus escuelas. Sin embargo, comenta que su uso volverá a permitirse de forma gradual a partir de los 13 años. En los cursos medios (entre los 13 y los 16 años), estará sujeta a una supervisión muy regulada; y durante los últimos cursos (entre los 17 y los 19 años) se fomentará el uso responsable de ella como preparación para el mundo universitario y laboral. Además, este cambio se suma al de la vuelta al papel: el mismo viernes, el Gobierno comentó que se propondría una legislación paralela para financiar un mayor uso de libros en las aulas.

El plan se pondrá en marcha este inicio de curso y supone el primer avance en este tipo de medidas en Europa. Aunque el país nórdico cuenta con el caso de China, que ya proponía leyes similares el año pasado. El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, aseguraba en la rueda de prensa que el inicio de este proceso se debía a la alarma que causaron las investigaciones al respecto: “Demostraban que el uso acrítico de la IA generativa en las escuelas aumenta el riesgo de que se salten etapas importantes del aprendizaje”.

“Lo importante es que nuestros hijos aprendan a leer, escribir y hacer matemáticas”

¿Es sostenible una educación libre de IA? Esta ley ha sido muy comentada en plataformas sociales y uno de los argumentos contrarios a ella más frecuentes es el de si realmente es correcto apartar a los menores de esta tecnología. Es decir, si la IA va a cobrar mucha más presencia en su día a día, ¿no se debería, en vez de prohibir, fomentar y educar en su buen uso?

El gobierno noruego sustenta esta nueva normativa bajo los siguientes motivos. En primer lugar, establece que no es un boicot a la IA generativa por el hecho de serlo (en su rueda de prensa, Gahr Støre comentaba las “grandes expectativas” que se tienen de ella), sino que es una reconducción de su uso en los menores. Afirma que el uso de la IA generativa en la educación primaria y secundaria está en aumento, pero que los alumnos más pequeños todavía no poseen los conocimientos, la capacidad de reflexión crítica ni la autorregulación necesarias para un uso adecuado. No se quiere repetir lo que la ministra de Educación y Ciencia, Kari Nessa Nordtun, consideró un error: introducir los dispositivos digitales “sin criterio” entre los alumnos más jóvenes.

En segundo lugar, el gobierno relaciona esta ley con los desfavorables resultados de los informes PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes). En su último estudio determinaban que la “calidad de las cualidades fundamentales [de los alumnos noruegos] desde 2015 ha declinado hasta niveles preocupantes”. Uno de cada cuatro estudiantes noruegos lee por debajo del umbral mínimo de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Además, se ha registrado un aumento en el número de estudiantes con bajo rendimiento en matemáticas y ciencias. Ante estos resultados, el primer ministro quiere retomar esta oportunidad para hacer hincapié en lo esencial: “Lo más importante en la escuela es que nuestros hijos aprendan a leer, escribir y hacer matemáticas”.

Cortar la racha digital de Noruega

Hasta entonces, Noruega había seguido un arduo régimen de digitalización de los procesos didácticos. Desde la década de 1990, las aulas de este país ya habían comenzado a adoptar ordenadores en vez de libros, y desde 2010 en adelante, las tabletas. En 2006, en el Presupuesto Nacional Revisado (PNR), el Gobierno propuso al Parlamento noruego una asignación de 50 millones de coronas noruegas (unos 4 millones y medio de euros) para materiales didácticos digitales en la educación secundaria superior. Comenzó siendo parte de la iniciativa para reducir los costos de cada estudiante y terminó ejecutándose como un plan entero, llamado «Área de Aprendizaje Digital Noruega».

De acuerdo con Scandinavian University Press, este grado de digitalización se debía a varias causas, esencialmente relacionadas con reformular su posición, tanto internacional como de políticas internas. Por un lado, el estudio afirma que existía la necesidad de transformar a Noruega en una economía basada en el conocimiento en vez de una economía de recursos y que también se quería lograr el liderazgo internacional en el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en las escuelas. Por otro lado, se quiso dar un nuevo enfoque al concepto de estudiante (pasar de pasivo a creador digital) y su papel en un sistema que fue percibido como “obsoleto”. Finalmente, el estudio explica que el aumento en competencias digitales servía como estrategia para asegurar los servicios de bienestar del futuro (se consideraba un requisito previo para que el sector público fuera más eficiente).