El especialista subraya que la lectura compartida favorece el desarrollo cerebral incluso antes del nacimiento y destaca que el lenguaje empleado en los cuentos suele ser "más complejo y más rico" que el utilizado habitualmente en la conversación diaria con los niños.
Beneficios para el desarrollo
Entre los principales beneficios de leer cuentos a los bebés se encuentran el fortalecimiento del vínculo afectivo con sus padres o cuidadores, la sensación de seguridad que les proporciona, la familiarización con la voz y el ritmo del lenguaje, así como la estimulación de la atención conjunta y del desarrollo del lenguaje. Además, esta práctica contribuye a reforzar la memoria, potenciar la imaginación y crear un hábito que facilitará la lectura autónoma en el futuro. La música también desempeña un papel relevante en el desarrollo infantil. Las canciones de cuna o aquellas interpretadas directamente por los padres ayudan a regular las emociones y fortalecen el vínculo social. Según Peña, el mayor beneficio aparece cuando la música forma parte de una interacción afectiva, en la que los adultos cantan, miran al bebé, lo balancean o responden a sus sonidos.
Este tipo de interacción favorece la capacidad de atención y memoria, especialmente cuando se utilizan canciones repetitivas, además de mejorar el movimiento y la coordinación gracias al ritmo. No obstante, el neuropediatra desaconseja colocar auriculares o altavoces muy cerca del bebé, ya que pueden causarle molestias, y recuerda que el volumen debe permitir mantener la interacción con el niño sin sobresaltarlo. El experto recuerda que el desarrollo cerebral comienza desde las primeras semanas de gestación, cuando tienen lugar procesos esenciales como la formación del tubo neural, la proliferación de neuronas, la migración neuronal, la creación de conexiones entre las células nerviosas o sinaptogénesis y la mielinización, un proceso que continúa hasta el final de la adolescencia. Aunque estos mecanismos están condicionados por la genética, Peña señala que las experiencias positivas durante el embarazo y la primera infancia influyen de forma decisiva en el desarrollo del cerebro.
Pantallas en los primeros años de vida
En este sentido, insiste en que no existen entrenamientos específicos capaces de potenciar por sí solos el desarrollo cerebral, pero sí una serie de cuidados fundamentales, entre ellos mantener una buena salud y nutrición, asegurar un descanso adecuado, ofrecer una atención receptiva, garantizar un entorno seguro, favorecer oportunidades de aprendizaje desde edades tempranas y responder a las señales del bebé. También recomienda hablar, cantar y leer diariamente a los niños, consolarlos cuando lloran y evitar la sobreestimulación, ya que todas estas experiencias favorecen la adquisición del lenguaje, el desarrollo de habilidades para resolver problemas y unas relaciones sociales saludables. Por el contrario, el neuropediatra advierte sobre los efectos negativos del uso de pantallas en los primeros años de vida. En bebés y niños pequeños, explica, el problema no es únicamente la sobreestimulación, sino que las pantallas sustituyen actividades esenciales para su desarrollo.
El uso excesivo de dispositivos electrónicos se ha asociado con un menor progreso del lenguaje, una reducción de la interacción con los cuidadores, dificultades para dormir, menor actividad física, menos juego creativo, un mayor riesgo de obesidad y una menor capacidad para tolerar el aburrimiento y regular las emociones. Siguiendo las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría, Peña recuerda que los menores de seis años no deberían utilizar pantallas. Entre los seis y los doce años aconseja limitar su uso a un máximo de una hora diaria, incluyendo el tiempo destinado a actividades escolares, mientras que a partir de los trece años recomienda no superar las dos horas al día. Para el especialista, el principal ingrediente para favorecer el desarrollo cerebral infantil sigue siendo el tiempo compartido con los hijos. "La crianza es muy sencilla. Es ofrecer cariño, compartir tiempo, hablar al niño, leerle, cantarle y jugar con él. Es la mejor forma de entrenar el desarrollo cerebral", concluye.
