La presión por obtener buenos resultados y la incertidumbre sobre las calificaciones convierten estas semanas en un periodo especialmente delicado para la salud mental. Las pocas horas de sueño y la carga emocional propia de los exámenes pueden derivar en lo que los especialistas denominan estrés académico.
Un problema que va más allá de las horas de estudio
Esta situación afecta a estudiantes de todas las etapas educativas, desde colegios e institutos hasta universidades, y puede tener consecuencias tanto en el bienestar emocional como en el rendimiento. Así lo explican los expertos de MyBrain, un centro especializado en salud cerebral, quienes advierten de la importancia de detectar a tiempo los síntomas asociados a este tipo de estrés para evitar que el malestar se agrave. Durante los periodos de evaluación es habitual que algunos estudiantes experimenten dificultades para concentrarse o una sensación constante de no llegar a todo lo que tienen pendiente. Según los especialistas, estas situaciones suelen estar relacionadas con estados de ansiedad y agotamiento mental.
El director médico de MyBrain, Francisco Mira Berenguer, señala que existe una creencia muy extendida según la cual dedicar más horas al estudio garantiza mejores resultados. Sin embargo, recuerda que el cerebro necesita descanso, organización y una adecuada regulación emocional para consolidar los aprendizajes y funcionar correctamente. Por este motivo, la detección temprana de los síntomas resulta fundamental. En este proceso, las familias desempeñan un papel especialmente importante, ya que suelen ser las primeras en percibir cambios en el comportamiento de los jóvenes.
Seis señales que pueden indicar estrés académico
Los especialistas identifican seis indicadores que pueden alertar de que un estudiante está sufriendo un exceso de presión durante la época de exámenes. Entre ellos destacan las dificultades para mantener la concentración durante largos periodos de tiempo, una sensación permanente de cansancio mental o los problemas para conciliar el sueño y descansar adecuadamente. También son frecuentes la irritabilidad y los cambios de humor, la sensación de bloqueo ante tareas académicas y la necesidad de invertir cada vez más horas de estudio para conseguir resultados similares a los obtenidos anteriormente. Una vez identificados los síntomas, los expertos recomiendan incorporar hábitos que ayuden a gestionar mejor la carga académica y a reducir los niveles de estrés. Uno de los aspectos más importantes es priorizar el descanso. Dormir entre siete y nueve horas cada noche favorece la consolidación de la memoria y mejora la capacidad de aprendizaje. También aconsejan planificar el estudio mediante objetivos realistas y dividir los contenidos en tareas más pequeñas para evitar la sensación de saturación.
Del mismo modo, consideran beneficioso introducir pausas regulares durante las sesiones de estudio, ya que ayudan a recuperar energía mental y a mantener la atención durante más tiempo. Otro de los consejos pasa por limitar las distracciones digitales. Reducir el uso del teléfono móvil y de las redes sociales durante las horas de estudio contribuye a mejorar la concentración y aprovechar mejor el tiempo. Por último, los especialistas subrayan la importancia de cuidar la salud emocional mediante actividades de ocio, ejercicio físico y técnicas que ayuden a gestionar las emociones y la presión asociada a los exámenes. Por ello, recomiendan prestar atención a síntomas como el insomnio, la ansiedad o las dificultades de concentración, ya que pueden ser señales de que el estrés académico está afectando al estudiante y requiere una intervención temprana.
