El consumo de agua embotellada ha aumentado significativamente en todo el mundo en lo que llevamos de siglo. Sin ir más lejos, en 2004, España se posicionaba como el sexto país del mundo con más demanda de agua mineral. Sin embargo, 19 de 62 provincias españolas tienen un agua del grifo excelente, 36 tiene un agua adecuada y solamente 7 presentan problemas.

La preferencia por el agua embotellada se debe, en general, a su sabor y a las costumbres. El incremento de la demanda de este tipo de agua se debió, en un principio, al aumento del poder adquisitivo de la gente y también por el marketing que se ha llevado a cabo desde que se empezó a comercializar, destacando su calidad y su factor "más saludable". Aunque estos dos aspectos son relativos.

"El agua del grifo y la mineral natural son dos productos totalmente diferentes, complementarios e irreemplazables. Una es un servicio público que debe garantizar la administración y la otra, un producto alimentario", asegura el doctor Francisco Maraver Eyzaguirre, presidente del Comité Científico del Instituto de Investigación Agua y Salud (IIAS).

Objetivamente, está demostrado que las muestras de agua embotellada y de agua de grifo sometidas a los mismos controles a lo largo del tiempo apenas se diferencian entre ellas. Eso sí, el agua mineral natural tiene un sabor mejor y contiene menos concentraciones minerales como el cloro.

Por un lado, hay numerosas ventajas para decantarnos por el agua del grifo: su precio, que es barato en comparación con otros países europeos. Y mucho más barata que la embotellada. Además, ambas son igual de buenas, a no ser que en una zona determinada del país no se recomiende su consumo. Es también más ecológica por el ahorro de plástico que supone y por los costes en consumo de energía de extraer el agua, tratarla y transportarla a los puntos de venta. Y, finalmente, evitamos la ingesta de contaminantes procedentes del plástico de las botellas, que se liberan después de que el agua pase un largo periodo de tiempo embotellada.

Aunque el agua mineral también presenta alguna que otra ventaja como evitarnos ingerir el cloro porque está desinfectada mediante filtrado o que la probabilidad de contaminación es menor, puesto que solo existe ese riesgo si hay algún error en la cadena de producción.

En conclusión, las diferencias en cuanto a la calidad son mínimas, por lo que ya depende del consumidor individual elegir una u otra. ¿Con cuál te quedas?