Así se desprende esta cifra de los datos recogidos por el Arval Mobility Observatory 2026, que analiza las principales barreras y hábitos relacionados con la movilidad eléctrica en España y concluye que el 38% de los conductores corporativos considera necesario que una recarga se complete en un tiempo menor al indicado.

El informe pone de manifiesto que el tiempo de recarga se mantiene como uno de los principales factores que condicionan la percepción y la adopción del vehículo eléctrico, cuestión ya no se limita únicamente a la autonomía de los vehículos, sino que la experiencia de uso y la disponibilidad de una infraestructura de recarga suficientemente rápida se han convertido en elementos determinantes para los conductores que realizan habitualmente trayectos interurbanos.

Una parada que supere este umbral de tiempo puede generar fricción en los desplazamientos y reducir el interés de una parte de los usuarios por incorporar un vehículo eléctrico a sus actividades profesionales.

La recarga nocturna, la opción preferida

Frente a los entre tres y cinco minutos que requiere habitualmente el repostaje de un vehículo de combustión, el 49% de los conductores consultados prefiere realizar la recarga durante la noche en su domicilio, mientras que solo el 28% utiliza habitualmente los puntos de recarga rápida durante sus desplazamientos por carretera.

La preferencia por la carga doméstica responde tanto a cuestiones de comodidad como al menor coste energético. Según los datos del observatorio, recorrer 100 kilómetros con un vehículo eléctrico utilizando carga doméstica en horario valle supone un gasto de entre 1,44 y 2,15 euros. El coste aumenta hasta una horquilla de entre 3,59 y 5,03 euros por cada 100 kilómetros cuando la recarga se realiza en horario punta.

Estas cifras contrastan con el coste de utilización de los vehículos de combustión, cuyo gasto medio por cada 100 kilómetros se situó en agosto de 2026 en torno a los 13 euros en el caso del diésel y los 12 euros para los vehículos de gasolina.

No obstante, la diferencia económica se reduce al utilizar la infraestructura pública. La recarga semirrápida tiene un coste de entre 4,31 y 6,46 euros por cada 100 kilómetros, mientras que la carga ultrarrápida puede situarse entre 6,46 y 11,34 euros, dependiendo del proveedor energético.

150 kw, cifra clave para los viajes largos

El estudio apunta a que el factor decisivo para facilitar los desplazamientos de larga distancia no es únicamente el número total de puntos de recarga disponibles, sino la existencia de una red suficiente de cargadores de alta potencia.

En concreto, los puntos capaces de suministrar al menos 150 kW son los que permiten reducir el tiempo de suministro por debajo del umbral de los 24 minutos identificado por los conductores.

La disponibilidad de infraestructura continúa siendo, de hecho, una de las principales barreras para la adopción del vehículo eléctrico. El 30% de los conductores corporativos españoles consultados por el Arval Mobility Observatory 2026 señala la escasez de puntos de recarga públicos como el principal obstáculo para avanzar hacia esta tecnología.

Según Anfac, en España se contabiliza 6.252 puntos en toda la red de recarga pública, mientras que Aedive registra alrededor de 4.950, una diferencia que responde a los distintos criterios utilizados para contabilizar los puntos de carga y los conectores disponibles.

El conductor tiende a recargar más de lo necesario

El comportamiento de los usuarios en los desplazamientos por carretera refleja además un componente psicológico en la gestión de la autonomía.

El tiempo medio que un conductor permanece conectado a un punto de alta potencia se sitúa en torno a los 25 minutos, aunque, para continuar el viaje con suficientes garantías, en muchos casos serían necesarios entre 18 y 23 minutos de recarga.

Esta tendencia responde a la búsqueda de un margen adicional de autonomía antes de retomar el viaje, lo que lleva a algunos conductores a prolongar la parada y cargar más energía de la estrictamente necesaria.

El fenómeno evidencia que, junto a la disponibilidad y la potencia de los cargadores, la confianza del usuario en la infraestructura y en la planificación del viaje continúa siendo un elemento relevante en la experiencia de utilización del vehículo eléctrico.