Desde el aire, el tráfico se interpreta de otra manera. Un vehículo que circula demasiado despacio, un cambio de carril sospechoso o una velocidad excesiva son suficientes para que el operador de cámara centre su atención sobre un coche. A bordo de uno de los helicópteros de la Dirección General de Tráfico (DGT), comprobamos de primera mano cómo funciona el dispositivo de vigilancia aérea conocido popularmente como Pegasus, una herramienta capaz de controlar la circulación a kilómetros de distancia y coordinar actuaciones en tiempo real con las patrullas de la Guardia Civil en carretera.

Tras varios días de lluvia en Madrid, la jornada elegida para volar amanece con viento. Aun así, el plan de vuelo de la patrulla aérea de Madrid no se suspende: "El viento limita, pero no imposibilita", explica Alejandro Suárez, jefe de la Unidad de Medios Aéreos y responsable de este vuelo.

Antes de subir al helicóptero, un recorrido por la sede de la UMA en Madrid deja claro que la vigilancia aérea del tráfico es mucho más que helicópteros: hay todo un entramado de personal, medios y procedimientos que sostiene la labor de los vigilantes aéreos, basada en dos principios: presencia y disuasión.

La Unidad, una estructura completa detrás de cada vuelo

El recorrido incluye el Centro de Control de Operaciones (OCC), donde se despachan los vuelos y se supervisan los trayectos; el departamento de gestión de vídeo, donde se procesan las imágenes que registran infracciones o que sirven para la concienciación vial; el hangar; mantenimiento; la sala de pilotos; el simulador de vuelo; e incluso el área de ingeniería aeronáutica. Todos estos espacios están integrados en una única unidad que vela por la seguridad tanto en tierra como en el aire.

La UMA aplica normas y protocolos comunes en sus siete patrullas, en las que trabajan más de 50 funcionarios y personal laboral, 60 miembros de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil (ATGC) y más de 50 profesionales externos.

Se trata de un cuerpo civil altamente especializado que despierta interés en países vecinos, especialmente en Francia, donde no existe una unidad equivalente capaz de cumplir los mismos objetivos: "Disminuir el número de víctimas mortales y accidentes en la carretera, mejorar la movilidad, colaborar con un entorno sostenible, proteger a los usuarios vulnerables y concienciar a los conductores en actitudes de seguridad vial positiva", resume Suárez.

'Abeja' o 'Pegasus': dos nombres para un mismo helicóptero

El despegue se produce desde Cuatro Vientos (Madrid), con un plan de vuelo que recorre la M-40, la A-4, la A-1, la A-42 y la R-4 (desmintiendo el bulo de que estos helicópteros no vigilan autopistas de peaje). Es el segundo vuelo del día para la 'Abeja 11'.

El nombre 'Abeja' hace referencia a las franjas amarillas que caracterizan a estas aeronaves y es el distintivo de radio de los helicópteros de la UMA, del mismo modo que "'Cuco' se utiliza para los de la Guardia Civil o 'Ángel' para los de la Policía", aclara Suárez. Entre la ciudadanía, sin embargo, son más conocidos como 'Pegasus', por el sistema de captación de imágenes y radar instalado a bordo.

Ese equipo incorpora dos cámaras —una general y otra de detalle— que permiten enviar imágenes en tiempo real al Centro de Gestión de Tráfico. Gracias a ellas se pudo comprobar, por ejemplo, que la densidad de tráfico en un tramo de la M-40 se debía a unas obras "perfectamente señalizadas".

A unos 300 metros de altura, cada helicóptero vuela con un piloto y un operador de cámara, siempre funcionario de la DGT o de la ATGC. Su coordinación es clave, "porque el objetivo es que los ciudadanos lleguen antes a sus destinos y que lleguen sanos", señala Suárez.

Sobre el terreno: detectar antes de sancionar

Piloto y operador deben permanecer atentos a cualquier comportamiento anómalo en la vía. Las velocidades muy bajas o muy altas son la principal señal de alerta, y el cinemómetro del helicóptero calcula la velocidad media tras tres mediciones. Cuando un vehículo circula demasiado despacio, la cámara permite comprobar si el conductor está realizando otra actividad o si mantiene las manos correctamente sobre el volante.

La propia presencia de los helicópteros, anunciada mediante paneles en la carretera, ya reduce las infracciones, según Suárez. La grabación continua tiene además un fin divulgativo: se registran tanto conductas positivas como negativas para reforzar la concienciación vial.

En los casos más graves —circular a más de 80 km/h por encima del límite, conducción temeraria, circulación en sentido contrario o posibles indicios de consumo de sustancias— la patrulla aérea coordina con la Guardia Civil en tierra el seguimiento del vehículo hasta su interceptación.

Casi 240.000 horas de vuelo al servicio de la carretera

El balance del vuelo relatado es positivo: imágenes transmitidas al centro de gestión, varias vías controladas y siete conductas de riesgo detectadas, susceptibles de sanción por el Centro Estrada. Pero, según Suárez, lo más relevante es que muchos conductores levantan el pie del acelerador simplemente al advertir la presencia del helicóptero.

La UMA cubre hoy toda la red viaria competencia de la DGT a través de siete patrullas con base en Santiago de Compostela, Valladolid, Sevilla, Málaga, Madrid, Valencia y Zaragoza, además de apoyar puntualmente la vigilancia en Baleares y Canarias. "Un helicóptero llega en 15 minutos a cualquier lugar, y con las siete patrullas se cubre todo el territorio", explica Suárez.

Las patrullas operan cada día, mañana y tarde, con el objetivo de alcanzar 5.544 horas de vuelo anuales entre todas las bases. Juan Carlos Prados, el operador más veterano de la UMA en Madrid, recuerda que antes también se volaba de noche, cuando había menos cámaras de control en las carreteras.

Con más de 100.000 vuelos realizados, la UMA es hoy un servicio plenamente integrado en la gestión diaria del tráfico y en operativos especiales: incendios forestales, emergencias climáticas —como el terremoto de Lorca, la pandemia, Filomena o la DANA de Valencia de 2024— y grandes eventos deportivos o festivales. En estas situaciones, las imágenes aéreas ayudan a desviar tráfico, abrir vías alternativas o movilizar servicios de conservación de carreteras.

Los helicópteros permiten detectar comportamientos de riesgo a distancias de hasta un kilómetro, imposibles de observar desde tierra, reforzando así la seguridad de todos los usuarios de la vía, especialmente de los más vulnerables. "Ellos (los conductores) piensan que vamos a ponerles multas, pero lo que buscamos son menos accidentes", concluye el jefe de la Unidad.