El pasado 13 de agosto comenzó a aplicarse el nuevo reglamento europeo sobre vehículos al final de su vida útil, que establece que los coches nuevos deberán contener un 15 % de plástico reciclado en 2032 y un 25 % en 2036. Una normativa que refuerza el modelo circular de los Centros Autorizados de Tratamiento de Vehículos (CAT).
Recuperar plástico con calidad
España cuenta con 25 instalaciones de fragmentación y nueve de posfragmentación que, junto a los desguaces, generan alrededor de 12.500 empleos directos, según datos de la Asociación Española para el Tratamiento Medioambiental de los Vehículos Fuera de Uso (Sigrauto) facilitados a EFE. Los CAT españoles recibieron 671.675 automóviles durante el pasado año. Sin embargo, si se excluyen los casi 65.500 vehículos tratados procedentes de la Dana de Valencia de 2024, la cifra se mantendría prácticamente estable, con un descenso del 0,59 %. Estos registros todavía están por debajo de las 750.000 unidades que, según Sigrauto, deberían tratarse como mínimo teniendo en cuenta el parque automovilístico español y su antigüedad. La edad media de los vehículos supera ya los 15 años, conforme a los datos de la patronal automovilística Anfac.
Por comunidades, Andalucía lideró el tratamiento de vehículos, con 122.334 unidades, seguida de la Comunidad Valenciana, con 115.203; Cataluña, con 79.641, y la Comunidad de Madrid, con 64.999. Para el director general de Sigrauto, Manuel Kindelan, el principal desafío no consiste únicamente en recuperar el plástico de los vehículos, sino en conseguir un material reciclado que reúna la calidad, pureza y estabilidad que exige la industria de la automoción. Los principales cambios para los CAT, las instalaciones de fragmentación y las de posfragmentación llegarán a partir de 2029, cuando entren en juego nuevos requisitos relacionados con la responsabilidad ampliada del productor, el tratamiento y la descontaminación de los vehículos, la retirada de determinadas piezas y componentes, la fragmentación, la información y la trazabilidad. No obstante, Kindelan señala que muchas de las obligaciones contempladas en el nuevo reglamento parten de prácticas que ya se aplican actualmente, por lo que España parte de una posición favorable. El reto, apunta, será adaptar el sistema a las nuevas exigencias sin eliminar elementos que ya funcionan de manera eficiente.
Andalucía cuenta con 200 centros autorizados
Además, advierte de que los vehículos que actualmente llegan a los CAT tienen una antigüedad media de unos 21 años. Por ello, buena parte del plástico que se trata procede de vehículos diseñados a comienzos de siglo, cuando la reciclabilidad tenía un peso mucho menor en el diseño de los automóviles. En cuanto a los niveles de recuperación, aproximadamente el 85 % del peso de los vehículos se reutiliza o se recicla. Si se incluye la valorización energética de determinadas fracciones, el porcentaje de recuperación alcanza el 95 %. Andalucía dispone actualmente de 200 centros autorizados operativos, que gestionan un parque de 6,55 millones de vehículos y generan un impacto económico directo de 109,6 millones de euros anuales, según explica el presidente de la Asociación Andaluza de Desguaces (AAD), Rafael Azor Castaño.
Azor Castaño valora el nuevo reglamento europeo, aunque considera necesario concretar determinados aspectos para garantizar la viabilidad de los centros. Según explica, la separación en origen de los plásticos procedentes de vehículos al final de su vida útil puede integrarse dentro de las operaciones habituales de descontaminación y desmontaje de piezas destinadas a la reutilización. Sin embargo, considera improbable que esta actividad resulte económicamente viable de manera independiente sin herramientas avanzadas que permitan identificar los materiales o sin un mercado de reciclado más eficiente. A estos retos se suma la electrificación del parque automovilístico, que ha introducido una complejidad técnica y un perfil de riesgo "sin precedentes" respecto a los vehículos de combustión interna. El desmontaje seguro de los sistemas de alta tensión, la prevención de incendios y la gestión de la segunda vida y el reciclado se sitúan así entre los principales desafíos que deberá afrontar el sector de los vehículos al final de su vida útil.
