Con el fin de las vacaciones llega la vuelta al colegio, y para muchos menores esto supone además dejar la educación primaria para incorporarse al instituto. Se trata de un cambio importante que no todos los niños y niñas afrontan de la misma manera: la incertidumbre y la tristeza se encuentran entre los sentimientos que pueden experimentar ante esta nueva etapa.

Quienes dan el salto al instituto suelen tener doce años, aunque algunos cuentan con once si cumplen años en los últimos meses del año. Este cambio trae consigo una nueva rutina: en muchos casos, los padres dejarán de acompañarles hasta la puerta del centro y los menores empezarán a ir solos, además de tener que madrugar más que antes. También dejarán de comer en el propio centro para hacerlo en casa y más tarde, y por los pasillos ya no habrá solo niños, sino también adolescentes. Se trata de un nuevo escenario que puede generar dudas tanto en los menores como en sus padres.

No conviene generalizar

Desde la Asociación Española de Pediatría, la coordinadora de su Comité de Salud Mental, Paula Armero, ha explicado a EFE Salud que no se puede generalizar, ya que cada menor vive estos cambios de una manera distinta, en función de sus circunstancias personales. Según la pediatra, habrá niños y niñas que estén mejor preparados o que puedan adaptarse con más facilidad, y otros a los que les cueste más. Existe, además, una gran diferencia entre unos y otros que dependerá de las capacidades de cada uno para afrontar los cambios.

También influye la forma concreta en que se produzca ese cambio: los menores que vayan a tener a sus hermanos en el instituto, o que acudan al mismo centro que varios de sus amigos, vivirán la situación de una manera mucho más llevadera. En cambio, quienes cuenten con menos recursos personales y tengan que ir solos a un centro nuevo, sin nadie conocido, podrían llevarlo peor.

Incertidumbre y tristeza, los sentimientos más habituales

En esta etapa, el sentimiento predominante entre los menores ante el paso del colegio al instituto suele ser la incertidumbre, ya que no depende de ellos todo lo que va a ocurrir durante ese periodo en el nuevo centro. En ocasiones también puede aparecer la tristeza, especialmente cuando los menores acuden al instituto sin sus amigos, es decir, sin su núcleo de referencia más importante. Armero recuerda además que, a diferencia de los adultos, los menores suelen expresar la tristeza a través de la irritabilidad, algo que en ocasiones se confunde erróneamente con un comportamiento de mala conducta, cuando en realidad es la forma en que ellos manifiestan ese malestar.

Tampoco hay que olvidar que el curso escolar llega tras más de dos meses de vacaciones de verano, durante los cuales los menores han cambiado sus rutinas. Con el inicio del curso deben adaptarse de nuevo a unos horarios distintos, lo que también contribuye a que se les note más enfadados de lo habitual. A esto se suma que, en algunos casos, los menores acuden a un instituto que no han elegido ni han podido contribuir a escoger. Y la transición resulta todavía más complicada cuando coincide con una mudanza de domicilio o de ciudad, ya que se acumulan demasiadas rupturas que el menor puede no llegar a procesar adecuadamente.

Cómo pueden ayudar las familias

La pediatra subraya que, para acompañar a los menores en este paso del colegio al instituto, tanto los docentes como las familias deben mostrarse como personas de confianza a las que puedan acudir siempre que necesiten expresar cualquier emoción relacionada con este cambio. Según explica Armero, en ocasiones resulta útil que los propios menores puedan elegir determinadas cosas relacionadas con la vuelta al cole, como el material escolar, la ropa o las zapatillas nuevas, ya que a estas edades necesitan sentir que tienen cierto control sobre su vida y que pueden decidir algo por sí mismos. A algunos también les resulta positivo poder conocer previamente las instalaciones del nuevo centro.

La pediatra recomienda, además, transmitir a los menores que se es consciente de que se trata de una etapa diferente, que pueden sentirse tristes o enfadados, que eso se entiende perfectamente y que las familias van a acompañarles en todo el proceso.

La importancia de validar sus sentimientos

En este sentido, Armero insiste en que siempre hay que validar los sentimientos del menor al salir de su zona de confort. Según indica, conviene decirles que se comprende que estén así, que es normal sentirse de esa manera y que un cambio de centro puede resultar abrumador. Si fuera necesario, los padres pueden ponerse en contacto con el tutor o la tutora del menor para trasladarle sus inquietudes, de manera que, entre todos, se pueda encontrar la mejor solución posible. Lo que sí conviene evitar, advierte la pediatra, es decirles a los menores frases como "no pasa nada, todos hemos pasado por esto", ya que este tipo de mensajes no resultan de ayuda. Cada persona recuerda las cosas de una manera distinta a como sucedieron en realidad, por lo que es normal que ellos sientan lo que sienten. Lo importante, concluye Armero, es que las familias les acompañen y les apoyen durante todo el proceso.