Según la doctora María José Lavilla, presidenta de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), los tapones pueden utilizarse de forma segura si se eligen bien y se mantienen correctamente.

Sin embargo, no están libres de riesgos. Utilizarlos durante mucho tiempo, introducirlos demasiado en el oído o no mantenerlos limpios puede provocar irritación, pequeñas lesiones, acumulación de cera e incluso una infección del oído externo. Además, aislarse demasiado del ruido puede hacer que no se escuchen sonidos importantes durante la noche, como una alarma, un detector de humo o el llanto de un bebé.

¿Cómo utilizarlos correctamente?

Lo más importante es elegir un tapón que se adapte bien al tamaño y la forma del oído. No debe quedar demasiado apretado ni causar dolor o sensación de presión.

También es importante manipularlos con las manos limpias. Los modelos reutilizables deben limpiarse siguiendo las indicaciones del fabricante, mientras que los desechables deben cambiarse con frecuencia y no utilizarse cuando estén sucios o deformados.

Si aparecen dolor, picor persistente, secreción, sensación de tener el oído taponado o pérdida de audición, lo recomendable es dejar de utilizarlos y consultar con un profesional.

Las personas que tienen problemas de oído, perforaciones en el tímpano, infecciones frecuentes o han sido operadas de los oídos deberían consultar antes de utilizarlos de forma habitual.

¿Qué tipo de tapón es mejor?

No todos los tapones ofrecen la misma protección. Su eficacia depende del material, el diseño y, sobre todo, de que se ajusten correctamente al oído.

Los tapones de espuma pueden ofrecer una buena protección contra el ruido, pero son desechables y deben cambiarse con frecuencia. Los de cera no son la opción más recomendable por motivos de higiene.

Para quienes necesitan utilizarlos habitualmente, la especialista recomienda los tapones de silicona blanda hechos a medida. Son cómodos, pueden limpiarse y permiten conseguir una protección adecuada sin aislar completamente del exterior.

En general, los tapones pueden reducir el ruido entre 15 y 20 decibelios, aunque pueden llegar a ofrecer una mayor atenuación. Sin embargo, cuanto más profundo se introduzca un tapón, mayor será la protección, pero también pueden aumentar las molestias.

Por eso, la clave está en encontrar un equilibrio entre reducir el ruido y mantener la comodidad.

¿Lo pueden utilizar los niños?

En el caso de los niños hay que tener más precaución. Sus conductos auditivos son más pequeños y la piel es más delicada. Además, existe el riesgo de que el niño se quite el tapón, se lo introduzca demasiado o incluso pueda ingerirlo o aspirarlo.

Por este motivo, si un niño necesita protección frente al ruido de forma habitual, es aconsejable consultar con un pediatra, otorrinolaringólogo o especialista en audiología.

En algunas situaciones, como conciertos o eventos deportivos, las orejeras protectoras pueden ser una alternativa más segura para los niños pequeños.

Los tapones para dormir no son los mismos que los del agua

También es importante diferenciar los tapones para protegerse del ruido de los que se utilizan para evitar que entre agua en los oídos.

Los primeros están diseñados para reducir el ruido y resultar cómodos durante varias horas. Los segundos buscan crear un cierre que impida la entrada de agua. Lo recomendable es utilizar cada tipo de tapón para el momento adecuado.

En definitiva, los tapones pueden ser buenos aliados para dormir cuando existe demasiado ruido, pero deben utilizarse correctamente. Elegir el tamaño adecuado, mantenerlos limpios y evitar introducirlos demasiado en el oído son algunas de las claves para proteger la salud auditiva.