Según la doctora Laura López-Mascaraque, una de las principales referentes en investigación del olfato en España, asegura que a través del aliento, del sudor, la piel, e incluso nuestras lágrimas, desprendemos moléculas invisibles que se mezclan con el aire y dejan un rastro químico. Es lo que se conoce como "volatiloma humano" confiensa en Infosalus.
Nuestro olor nos acompaña a donde vayamos, como una firma personal. Se queda impregnado en los lugares por los que pasamos, logrando que otras personas nos reconozcan por ello. Y aunque muchas veces intentemos opacarlo con geles, desodorantes u otros productos de higiene, siempre queda un fondo de nuestra marca personal. Además, resalta que somos “un microcosmos aromático” una mezcla de factores como la microbiota, las glándulas, la genética y la dieta, además, de nuestra cultura, un factor que enfatiza nuestro aroma.
Las emociones y la dieta, factores que afectan a nuestro olor
Algunos alimentos, como la cebolla, el ajo o especias como el curri, se quedan en nuestro aliento y sudor durante horas. A diferencia de las frutas o verduras que producen olores más ligeros en las personas.
Otro factor desconocido que influye en nuestro olor son las emociones. Según nuestro estado de ánimo transmitimos diferentes partículas. Por ejemplo, el miedo pronuncia nuestro perfume corporal, mientras que la ansiedad emite notas más ácidas. Según la doctora López-Mascaraque "Incluso medicamentos, las hormonas y otras enfermedades intervienen en este equilibrio, alterando la composición del sudor, del sebo, o del aliento".
También, la investigadora resalta que este olor influye en nuestro atractivo, a la hora de elegir pareja, amigos, e incluso en la conexión entre madre e hijo. "Nuestro olor es el resultado de una orquesta invisible donde intervienen glándulas, bacterias, genes, emociones y entorno. Cada ser humano porta una huella aromática única que cambia con la edad, con el clima, con la dieta, o con el momento del día. Es firma química puede también inspirar confianza o rechazo, deseo o incomodidad, ternura o distancia", nos confirma la especialista.
El olor de las enfermedades
Cuando una enfermedad aparece, este aroma se modifica como una "firma olfativa patológica". Un ejemplo de ello es la diabetes mellitus, debido a que la aparición de acetona y otros componentes, alteran la glucosa y aparece un olor más dulce y afrutado.
"En la insuficiencia renal el aliento adquiere notas amoniacales por la acumulación de urea y de amoníaco, mientras que en infecciones bacterianas específicas se detectan moléculas producidas por los propios microorganismos, como los ácidos isocaproico e isovalérico en infecciones por 'stahphylococcus aureus'", defiende la investigadora. Aparece un olor a pescado crudo o tierra húmeda debido a ciertos compuestos.
En la enfermedad del parkinson se han encontrado evidencias de que el olor cambia años antes de que aparezca la enfermedad, lo que puede ser síntoma de aparición de la enfermedad. Gracias al olor los perros entrenados logran reconocer la diabetes, el cáncer de próstata, de pulmón, e incluso el COVID-19 en una persona.
