Así lo explica la profesora de la Universidad de Middlesex Jacqueline Harding, especialista en desarrollo infantil y autora del libro "El cerebro que ama reír: Una guía visual del humor y la conexión humana en la primera infancia".

Desarrollo saludable del menor

La experta sostiene que el humor y la risa forman parte de los elementos fundamentales para un desarrollo saludable durante la infancia. Según explica, cuando un niño ríe se activan distintas regiones del cerebro relacionadas con las emociones, la memoria, el movimiento y el aprendizaje, lo que convierte la risa en una actividad mucho más compleja de lo que aparenta. Harding subraya que la risa no debe entenderse únicamente como entretenimiento. En su opinión, el humor contribuye a crear vínculos emocionales sólidos y ayuda a que los menores se sientan seguros y tranquilos. Esta sensación de seguridad favorece que los niños estén más abiertos a nuevas experiencias y puedan desenvolverse mejor en distintos entornos.

Además, la investigadora destaca que comprender el humor supone un importante trabajo cognitivo. Entender un chiste o una situación divertida implica que el cerebro interprete significados, procese contradicciones y resuelva incongruencias. Todo ello activa capacidades mentales relacionadas con el pensamiento, la creatividad y la comprensión. Otro de los aspectos que destaca la especialista es el impacto del humor sobre el estrés. Según explica, la risa ayuda a disminuir hormonas asociadas al estrés, como el cortisol, y favorece la liberación de sustancias vinculadas al bienestar y a las emociones positivas. Por este motivo, considera que el humor puede actuar como una herramienta de protección frente al estrés prolongado en la infancia.

Beneficios

La experta advierte de que niveles elevados de estrés mantenidos en el tiempo pueden afectar al desarrollo físico, mental y emocional de los menores. En este sentido, señala que crear ambientes seguros y emocionalmente positivos resulta fundamental tanto en el hogar como en el entorno educativo. Harding también pone en valor la importancia del juego y del humor compartido entre adultos y niños. Estos momentos de interacción favorecen la conexión emocional, fortalecen las relaciones sociales y ayudan a generar confianza. Según explica, el contacto cercano acompañado de sonrisas, juegos y situaciones divertidas puede contribuir al bienestar emocional de los menores.

En el ámbito educativo, la investigadora considera que el humor puede convertirse en una herramienta útil para mejorar la atención y facilitar el aprendizaje. Integrar dinámicas positivas y momentos de humor en el aula puede ayudar a crear entornos menos estresantes y más favorables para el desarrollo infantil. La especialista defiende además la necesidad de replantear determinados modelos educativos para dar mayor importancia al bienestar emocional de los niños. En este sentido, considera que el humor, el juego y la creatividad deberían ocupar un lugar más relevante en el proceso de aprendizaje. "La esperanza y el humor" son, según Jacqueline Harding, elementos esenciales para favorecer un desarrollo saludable durante la infancia y fortalecer la capacidad de los menores para afrontar situaciones difíciles.