La catedrática de Pediatría de la Universidad de Santiago y presidenta de la Fundación Española de Nutrición (FEN), Rosaura Leis, define la medicina culinaria como "tratar la patología, la enfermedad, apoyándonos en la gastronomía y en la medicina basada en la evidencia". Una disciplina que va más allá de prescribir una dieta: se trata de acompañar al paciente con los conocimientos prácticos necesarios para llevarla a cabo.
El contexto no podría ser más propicio para su implantación. Las principales causas de enfermedad y muerte en el mundo están ligadas a estilos de vida poco saludables. En España, a pesar de contar con dos de los patrones alimentarios más reconocidos a nivel mundial, la dieta mediterránea y la atlántica, la población está perdiendo adherencia a ambos modelos. El resultado es un aumento de la obesidad, la hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
Formar a los médicos también en gastronomía
Leis subraya dos movimientos clave para que la medicina culinaria se generalice en las consultas españolas. El primero pasa por la formación: la experta aboga por incorporar materias de gastronomía saludable en los currículos de medicina, enfermería, nutrición e incluso en las escuelas. El comedor escolar es un espacio estratégico para la educación nutricional desde la infancia, un lugar donde los niños puedan descubrir los platos de los patrones alimentarios tradicionales. "Como pediatra, insisto en que al niño hay que educarlo en sabores y en apreciar un plato", señala.
El segundo movimiento pasa por crear equipos multidisciplinares en los que, junto a los médicos, trabajen nutricionistas capaces no solo de asesorar sobre la composición de los alimentos, sino también de facilitar que el paciente los consuma, y cocineros que transmitan hábitos saludables a través de talleres prácticos. "Si yo prescribo una dieta pero no doy los consejos necesarios para que los individuos la puedan consumir, o me equivoco en el tratamiento o no conseguiré una buena adherencia", advierte Leis.
Menos fármacos y más equidad alimentaria
Las consecuencias de extender este modelo en el sistema sanitario podrían ser significativas. Si los profesionales médicos enseñan a comer mejor, se reduciría el riesgo de enfermedades cardiovasculares y vasculares, disminuiría la incidencia del cáncer y, en consecuencia, la población dependería menos de los medicamentos. "Si yo evito con buenos estilos de vida tener sobrepeso, el colesterol alto o una diabetes tipo 2, claro que disminuimos el consumo de fármacos", recalca la presidenta de la FEN.
Pero hay otro beneficio que Leis destaca con especial énfasis: la equidad alimentaria. Los grupos socioeconómicos más vulnerables son, precisamente, los que peor se alimentan. La medicina culinaria puede romper esa brecha, ya que cocinar de forma saludable no requiere necesariamente un gran desembolso económico. "Si soy capaz de transmitir cómo hacer un guiso o unas buenas legumbres, no hace falta mucho dinero para esto. Por tanto, también vamos a conseguir una mayor equidad en el acceso a los alimentos y a los platos saludables", concluye.
