Las largas jornadas en el agua son uno de los grandes atractivos del verano para los niños, pero también aumentan el riesgo de sufrir una de las infecciones más frecuentes de la temporada: la otitis externa, también conocida como "otitis del nadador". La humedad del conducto auditivo, el calor y algunos hábitos cotidianos, como secarse mal los oídos o utilizar bastoncillos, pueden favorecer su aparición.

La doctora Cristina Ridruejo, pediatra de HLA Clínica Santa Isabel, en Sevilla, explica en una charla con Europa Press Salud Infosalus que la llegada del verano favorece este tipo de otitis porque los niños pasan más tiempo en el agua, lo que mantiene húmedo el conducto auditivo externo, y esa humedad, sumada al aumento de las temperaturas, favorece la proliferación de microorganismos. Por estos motivos, precisa, las otitis externas son las más frecuentes en esta época del año.

Por qué los niños son más propensos

Según la especialista, los niños son especialmente propensos a sufrir este tipo de otitis en comparación con los adultos porque suelen pasar más tiempo en el agua y, además, tienen el conducto auditivo externo más estrecho y corto, con una piel más fina y delicada, lo que favorece la proliferación de microorganismos. A esto se suma que suelen secarse peor al salir del agua y tienden a rascarse los oídos, lo que irrita todavía más el conducto y favorece la aparición de la otitis externa.

Factores que aumentan el riesgo

La pediatra advierte de que permanecer largos periodos en el agua, no secar bien los oídos al salir o utilizar bastoncillos y otros utensilios para limpiar el oído —que pueden irritar la piel— son hábitos que favorecen el desarrollo de otitis en los niños. También señala como factor de riesgo tener antecedentes de otitis externas recurrentes o dermatitis en la zona del conducto auditivo. Sobre el uso de tapones, la especialista matiza que, aunque en teoría deberían ayudar a evitar la otitis externa recurrente, en algunos casos pueden favorecerla si no se utilizan correctamente.

Ridruejo también aclara que no todas las aguas tienen el mismo efecto: las piscinas favorecen más las otitis externas que el mar, ya que el cloro resulta irritante y, en ocasiones, los niveles de calidad o desinfección del agua no son los óptimos, mientras que el agua del mar, por su salinidad, resulta menos irritante. Aun así, la especialista recuerda que los mecanismos de fondo son siempre los mismos: la humedad del conducto —mayor cuanto más se prolongue el baño—, sumada a las altas temperaturas y a un mal secado del oído o al uso de bastoncillos, por lo que la otitis externa puede aparecer tanto en el agua de la piscina como en el mar o incluso en la bañera de casa.

Cómo reducir el riesgo durante las vacaciones

Para reducir el riesgo de otitis durante el verano, la pediatra considera fundamental secar bien el oído con cuidado, evitando introducir objetos como bastoncillos que puedan irritar aún más la piel del conducto. Como medida adicional, aconseja inclinar la cabeza hacia un lado y otro tras el baño, para ayudar a expulsar el agua retenida en el conducto.

La especialista recomienda consultar con el pediatra en cuanto aparezca dolor de oído (otalgia), para permitir una valoración y un tratamiento precoces. En determinados casos, añade, puede recomendarse el uso preventivo de tapones para los oídos.