El uso de antibióticos desde la infancia hasta la edad adulta temprana se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar síndrome del intestino irritable (SII), según un estudio de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, presentado en la UEG Week 2026, celebrada en Barcelona. Los resultados apuntan, además, a que esta probabilidad aumenta con el número de recetas recibidas, aunque los investigadores advierten de que los datos no permiten establecer una relación de causa y efecto.

Un mayor número de recetas se relaciona con más probabilidades de SII

El síndrome del intestino irritable es un trastorno digestivo frecuente que afecta a más de 60 millones de personas en Europa. Entre sus manifestaciones se encuentran el dolor abdominal y los cambios en los hábitos intestinales. Aunque investigaciones anteriores habían sugerido una posible relación entre los antibióticos y esta afección, la evidencia sobre la exposición durante la infancia y su aparición en la edad adulta seguía siendo inconsistente. Uno de los principales obstáculos de los trabajos previos era que muchos dependían del recuerdo de los participantes sobre los tratamientos que habían recibido años atrás. Para superar esta limitación, el equipo sueco utilizó registros objetivos de prescripciones de antibióticos correspondientes a un grupo de población seguido desde la infancia.

La investigación analizó los datos de 2.853 participantes de la cohorte de nacimiento sueca BAMSE. Los investigadores consultaron el Registro Sueco de Medicamentos Recetados para identificar las prescripciones recibidas desde 2005, cuando los participantes tenían entre 9 y 11 años, hasta un año antes de evaluar la presencia de síndrome del intestino irritable a los 24 años. También estudiaron el número de recetas y las clases de antibióticos utilizados. A esa edad, el 10 % de los participantes presentaba SII y, entre ellos, el 79,4 % eran mujeres. La exposición a antibióticos había sido más frecuente en este grupo: el 87,8 % había recibido estos medicamentos durante el periodo analizado, frente al 80,2 % de quienes no padecían el trastorno. Tras ajustar los resultados por sexo y nivel socioeconómico familiar, los participantes que habían recibido antibióticos presentaban 1,5 veces más probabilidades de tener síndrome del intestino irritable que quienes no los habían recibido.

La microbiota intestinal, una posible explicación

La asociación también aumentaba según el número de recetas. En comparación con las personas que no habían tomado antibióticos, quienes habían recibido una o dos prescripciones tenían 1,3 veces más probabilidades de presentar SII. La cifra ascendía a 1,6 veces entre quienes habían recibido de tres a cinco recetas y a 1,7 veces en aquellos con seis o más. Al analizar los distintos tipos de antibióticos, las tetraciclinas y las cefalosporinas mantuvieron una asociación significativa con el trastorno tras ajustar por sexo y nivel socioeconómico. Las tetraciclinas se relacionaron con una probabilidad 1,4 veces mayor de SII, mientras que tres o más prescripciones de cefalosporinas se asociaron con una probabilidad seis veces mayor. La doctora Jessica Sjölund, autora principal del estudio, considera que el análisis supone un avance en la comprensión de la posible relación entre la exposición a antibióticos y el SII, al utilizar registros objetivos desde la infancia y la adolescencia y estudiar a una población general de adultos jóvenes.

Aunque la investigación no examinó directamente los mecanismos que podrían explicar esta asociación, una posible vía sería la alteración de la microbiota intestinal. Según Sjölund, estudios anteriores han mostrado que los antibióticos pueden modificarla y que estos cambios podrían persistir durante varios años, especialmente después de tratamientos repetidos. Dado que las alteraciones de la microbiota se consideran relevantes en el SII, los investigadores plantean que podrían contribuir a explicar los resultados observados. No obstante, los autores subrayan que se necesitan estudios más amplios y prolongados, con evaluaciones repetidas del síndrome a lo largo del tiempo. También proponen analizar con mayor detalle las infecciones, otras afecciones de salud y los factores psicológicos y familiares, así como estudiar la evolución del microbioma intestinal. Los investigadores insisten en que estos hallazgos no deben interpretarse como una razón para evitar los antibióticos cuando son necesarios para tratar infecciones bacterianas. Su conclusión es que conviene reforzar la prescripción responsable y evitar el uso innecesario de estos medicamentos, teniendo en cuenta la posibilidad de que la exposición repetida esté asociada con efectos a largo plazo.