Los accidentes de tráfico se sitúan como la undécima causa de muerte a nivel mundial y representaron 75,3 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), la medida que combina los años perdidos por muerte prematura y los años vividos con discapacidad. Los países de bajos ingresos registraron una tasa de años perdidos por muerte prematura casi seis veces superior a la de los países de altos ingresos.

El trabajo se apoya en el estudio Carga Global de Enfermedad (GBD) 2023 y analiza las tendencias de lesiones por accidentes de tránsito en 204 países y territorios entre 1990 y 2023, examinando incidencia, mortalidad, años de vida perdidos, años vividos con discapacidad y AVAD por edad, sexo, grupo de ingresos, tipo de usuario de la vía y gravedad de la lesión.

Un progreso desigual entre países ricos y pobres

Entre 1990 y 2023, las tasas mundiales estandarizadas por edad de nuevos casos y muertes por accidentes de tráfico se redujeron un 38,3% y un 32,3% respectivamente, pero esta mejora no se repartió por igual: mientras los países de altos ingresos lograron caídas más pronunciadas en la mortalidad, en los países de bajos ingresos el avance fue mínimo.

Más del 90% de las muertes por accidentes de tránsito siguen concentrándose en países de ingresos bajos y medios. Los países de bajos ingresos, pese a registrar menos casos nuevos de lesiones que los de altos ingresos, presentan la tasa de mortalidad más alta, con 43,8 muertes por cada 100.000 habitantes, frente a los 7,5 de los países ricos, que en cambio acumulan más casos nuevos (858,1 por cada 100.000 habitantes).

El comportamiento también varió mucho según el país. Aunque numerosos países redujeron de forma notable la mortalidad por lesiones de tránsito en la última década, Estados Unidos fue uno de los que más empeoró: entre 2010 y 2023 la mortalidad aumentó de forma significativa en seis países —Ghana, Jamaica, República Dominicana, Armenia, Costa Rica y Estados Unidos—, con subidas de entre el 13,2% en el caso estadounidense y el 48,5% en Ghana.

Los jóvenes, el grupo más golpeado

Los accidentes de tráfico fueron la principal causa de muerte entre los jóvenes de 10 a 39 años en todo el mundo, y la segunda causa de muerte entre los niños de 5 a 9 años. Entre los hombres de 20 a 24 años, representaron más de una de cada cinco muertes, y en casi todos los grupos de edad los hombres registraron tasas de incidencia más altas que las mujeres.

El tipo de usuario de la vía también marca diferencias importantes: los vehículos motorizados concentraron la mayor parte de las lesiones y muertes en carretera a nivel mundial, con 19,8 millones de lesiones y 518.000 muertes en 2023. Los peatones sufrieron casi un tercio de las muertes por lesión en carretera, mientras que los motociclistas, con solo el 13% de los casos, acumularon casi el 24% de las muertes.

En cuanto a la gravedad, las fracturas fueron la lesión no mortal más frecuente, con más del 38% de los casos, mientras que las lesiones craneales aparecieron en aproximadamente uno de cada diez casos. Los motociclistas fueron quienes más sufrieron este tipo de lesiones, en su mayoría traumatismos craneoencefálicos moderados o graves, concentrados de forma desproporcionada en países de ingresos bajos y medios.

Un problema de salud pública con enorme coste económico

Más allá del impacto físico y humano, los accidentes de tránsito generan importantes costes sociales y económicos: se estima que el coste económico global alcanzará los 1,8 billones de dólares entre 2015 y 2030, además de suponer una carga a largo plazo para los sistemas de salud, la fuerza laboral y las economías. Según los autores, se podrían salvar más de 200.000 vidas cada año con una mayor cobertura de atención traumatológica en países de ingresos bajos y medios.

La doctora Liane Ong, investigadora principal del IHME y autora principal del estudio, subraya que las consecuencias de los accidentes no dependen solo del siniestro en sí, sino de los sistemas diseñados para prevenirlo y proteger a las personas, y recuerda que las muertes en carretera son en gran medida evitables si existe una inversión sostenida. Por su parte, la doctora Marie Ng, profesora asociada afiliada al IHME y a la Universidad Nacional de Singapur, defiende que reducir muertes y lesiones exige ir más allá del comportamiento individual de los conductores para invertir en sistemas que prevengan accidentes, refuercen la atención traumatológica y apliquen intervenciones basadas en la evidencia.

De cara al Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU de reducir a la mitad las muertes y lesiones por accidentes de tránsito para 2030, los autores insisten en que serán claves unos sistemas de vigilancia más sólidos, normas más seguras para carreteras y vehículos, y un mayor acceso a la atención de emergencia, junto con una acción coordinada entre transporte, planificación urbana, ingeniería, fuerzas del orden y atención médica.