Así lo explica Fernando González Taboada, científico titular del Centro Oceanográfico de Gijón del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), quien señala que existen múltiples indicios de que el cambio climático ya ha alterado de forma importante las condiciones del golfo de Vizcaya.

Una confusión frecuente

Desde hace varios veranos, playas del mar Cantábrico, el litoral atlántico e incluso algunos puntos del Mediterráneo han registrado la llegada de estos organismos marinos, cuya presencia ha obligado al cierre temporal de arenales y ha provocado asistencias sanitarias por sus dolorosas picaduras. Uno de los errores más habituales es considerar a la carabela portuguesa una medusa. En realidad, se trata de un sifonóforo, un organismo colonial formado por individuos especializados que desempeñan distintas funciones, como la alimentación, la reproducción o la defensa. A diferencia de las medusas, que se desplazan bajo el agua mediante el movimiento de su campana, la carabela portuguesa navega impulsada por el viento gracias a un flotador lleno de gas con forma de vela que sobresale de la superficie del mar. Bajo él cuelgan largos tentáculos destinados a capturar alimento.

Estos tentáculos pueden alcanzar hasta diez metros de longitud y contienen una potente neurotoxina capaz de provocar picaduras muy dolorosas que, en personas con patologías previas o reacciones alérgicas, pueden derivar en cuadros graves. Aunque la especie es habitual en aguas tropicales y subtropicales y lleva décadas presente en Canarias, el investigador señala que lo novedoso no es su aparición en la Península, sino la frecuencia con la que está ocurriendo. Para González Taboada, la explicación más probable está relacionada con la modificación de los patrones atmosféricos. "Los vientos que favorecen que la carabela entre en el golfo de Vizcaya son cada vez más frecuentes debido a que el anticiclón de las Azores se está desplazando hacia el norte", explica. No obstante, el investigador insiste en la prudencia científica y recuerda que demostrar la relación con el cambio climático exige un análisis riguroso. Los científicos trabajan con evidencias observacionales y modelos que apuntan en una misma dirección, entre ellas el aumento de la temperatura del mar, los cambios en la circulación atmosférica y la aparición de otras especies de afinidad tropical en latitudes cada vez más septentrionales.

El reto de predecir dónde aparecerán

Además de estudiar la biología de la especie, el IEO-CSIC trabaja junto con la Universidad de Oviedo y el Bioparc Acuario de Gijón en el diseño de herramientas que permitan anticipar la llegada de carabelas portuguesas a las playas. Según el investigador, el análisis de los patrones de viento y de la orientación de la costa permite estimar qué playas tienen mayor probabilidad de recibir estos organismos. Esta información puede resultar útil para los servicios de salvamento y protección civil. González Taboada considera que consultar el estado de la mar antes de acudir a la playa debería convertirse en una rutina, al igual que revisar la previsión meteorológica.

En caso de encontrar una carabela portuguesa, la recomendación es no tocarla y avisar inmediatamente al personal de salvamento. "Sobre todo, hay que tener mucho cuidado con los niños y las mascotas, porque les llama mucho la atención y pueden intentar cogerla", advierte. Aunque todavía no es posible asegurar cómo evolucionará la presencia de la especie en los próximos años, el científico considera probable que continúe apareciendo en las costas españolas. "Todo apunta a que podría seguir apareciendo y que su presencia podría hacerse crónica", afirma. La investigación, la mejora de los sistemas de predicción y la colaboración entre científicos, administraciones y ciudadanía pueden contribuir a reducir el impacto de este fenómeno y facilitar la convivencia con una especie cuya presencia podría ser cada vez más habitual.