Han diseñado un material biohíbrido, denominado MicroMg, que al añadirse a pinturas convencionales es capaz de capturar el dióxido de carbono del aire y transformarlo en bicarbonato de forma natural. Este proceso ocurre a temperatura ambiente y, lo más revolucionario, sin necesidad de aporte energético externo, lo que abre la puerta a edificios que actúan como sumideros de carbono tanto en interiores como en fachadas.

El aumento del CO2 no solo es el principal motor del calentamiento global, sino que en entornos cerrados como oficinas, viviendas o colegios, su acumulación afecta directamente a nuestra salud. Niveles superiores a las 1.000 partes por millón son síntoma de una ventilación deficiente y provocan somnolencia, falta de concentración y un menor rendimiento cognitivo. El nuevo material del CSIC, basado en magnesio y una biomolécula que guía su formación, ha demostrado ser capaz de reducir drásticamente estas concentraciones, manteniendo su eficacia incluso después de varios días de funcionamiento continuo.

Una síntesis verde y de alta durabilidad

La fabricación del MicroMg sigue los principios de la química sostenible. Se produce en una disolución acuosa con pH neutro, evitando el uso de reactivos tóxicos o condiciones extremas. El resultado son microestructuras cristalinas con una geometría optimizada para ofrecer el mayor número posible de "sitios activos" donde atrapar el gas.

En los ensayos, el material logró transformar el CO2 disuelto en apenas 30 minutos, demostrando además una estabilidad sorprendente que permite su reutilización sin pérdida de capacidad catalítica. Para probar su viabilidad real, los investigadores mezclaron el material con pintura común y cubrieron diversas paredes.

Los resultados confirmaron que las superficies tratadas disminuyen significativamente el CO2 en cámaras cerradas. Además, la pintura demostró ser resistente al mantenimiento cotidiano: tras varios ciclos de lavado, las paredes conservaron más del 90% de su actividad inicial, lo que garantiza una vida útil prolongada para esta solución tecnológica.

Hacia ciudades que respiran

Este avance no se limita a mejorar el bienestar en interiores; su potencial en exteriores es clave para la descarbonización urbana. Al aplicar estos recubrimientos en infraestructuras públicas o fachadas de edificios, las ciudades podrían reducir de forma pasiva su huella de carbono. Los datos del estudio, publicados en la revista ACS Applied Energy Materials, sugieren que el rendimiento del sistema escala de forma positiva: a más capas de pintura o mayor superficie cubierta, mayor es la velocidad de eliminación del gas.

Liderado por el investigador José Miguel Palomo, este proyecto sitúa a la ciencia española a la vanguardia de las "tecnologías de emisión negativa". En un momento en el que la calidad del aire se ha convertido en una prioridad sanitaria y ambiental, convertir las paredes de nuestras ciudades en filtros activos de CO2 es un paso de gigante hacia un modelo de construcción más saludable y comprometido con el futuro del planeta.