Así lo revela un estudio publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, cuyos autores atribuyen este incremento, principalmente, al deshielo provocado por el cambio climático.
Mercurio creciente
La investigación, desarrollada por científicos de centros de China y Norteamérica, reconstruyó la dinámica del mercurio en la Península Antártica y en el entorno marino que la rodea durante los últimos 200 años. Para ello, los investigadores analizaron registros geoquímicos e isotópicos obtenidos de 16 núcleos sedimentarios recogidos en diferentes puntos de la región. Los resultados muestran que la plataforma continental que rodea la Península Antártica acumula mercurio de forma creciente, a un ritmo aproximado de 93 microgramos por metro cuadrado adicionales al año, una cifra que duplica la tasa media registrada en otras plataformas continentales del planeta, pese a tratarse de una de las zonas más remotas del mundo.
El estudio identifica dos mecanismos principales que explican este fenómeno. El primero, y más relevante, es el deshielo y la erosión acelerados que experimenta la península como consecuencia del aumento de las temperaturas globales. Durante siglos, las extensas masas de hielo antárticas han actuado como un gran depósito natural, reteniendo importantes cantidades de mercurio procedente tanto de fuentes geológicas naturales como de emisiones industriales transportadas por la atmósfera. Sin embargo, el calentamiento global está provocando que ese mercurio permanezca cada vez menos tiempo retenido.
Aumento del 550%
"Con el aumento de las temperaturas y el acelerado retroceso de los glaciares, este mercurio que tanto tiempo ha permanecido secuestrado se está liberando al medio ambiente debido al flujo del agua de deshielo y a la erosión superficial", explican los investigadores. Según los datos del estudio, la liberación de mercurio asociada al deshielo y la erosión en la Antártida ha aumentado un 550 % desde la Revolución Industrial. Los autores también señalan que, una vez liberado por el deshielo y transportado hasta el océano, el mercurio no permanece completamente retenido en los sedimentos marinos. Una parte importante vuelve a la atmósfera a través del intercambio de gases entre el mar y el aire.
En los últimos dos siglos, estos flujos de evaporación de mercurio desde el océano hacia la atmósfera se han incrementado un 350 %, impulsados tanto por el deshielo como por la deposición atmosférica del contaminante. A la luz de estos resultados, los investigadores consideran que el deshielo debe incorporarse como un factor clave en la gestión de la contaminación global, ya que el calentamiento del planeta no solo acelera la pérdida de hielo, sino que también favorece la liberación de contaminantes que permanecían almacenados desde hace décadas o incluso siglos.
