Según el Informe sobre los Objetivos Forestales Mundiales 2026, presentado en el Foro de las Naciones Unidas en Nueva York, las regiones de Sudamérica y África son las más castigadas, con retrocesos que superan el 4 %. Este ritmo de deforestación, que alcanza los 4,12 millones de hectáreas anuales, es especialmente alarmante por la desaparición de 16 millones de hectáreas de bosques primarios, ecosistemas vírgenes esenciales para la conservación de la biodiversidad que no presentan huella humana.
La expansión agrícola se mantiene como el principal motor de esta pérdida, dificultando el cumplimiento de metas internacionales como el aumento de la masa forestal en un 3 % o la erradicación de la pobreza entre las comunidades que dependen de los bosques. Aunque el informe destaca avances positivos, como el hecho de que el 20 % de la superficie boscosa ya cuenta con algún tipo de protección, el ritmo de creación de estas reservas se ha ralentizado drásticamente en los últimos diez años.
Retos financieros y soluciones innovadoras
La falta de financiación es otro de los grandes obstáculos: la inversión actual de 84.000 millones de dólares anuales queda muy lejos de los 300.000 millones necesarios para garantizar una gestión sostenible de cara a 2030. La brecha económica para proteger nuestros bosques es profunda, ya que la inmensa mayoría de los fondos actuales provienen del sector público, mientras que la participación privada apenas alcanza el 4 %.
Para revertir esta tendencia, la ONU propone fortalecer la gobernanza forestal y endurecer la lucha contra la tala ilegal y el comercio asociado. Sin embargo, no todo son sombras; el informe recoge ejemplos de éxito que demuestran que el progreso es posible mediante la innovación.
La gestión responsable planta cara a la deforestación
Brasil ha logrado implementar planes de gestión a largo plazo que garantizan la trazabilidad total de su madera, mientras que China ha creado parques nacionales que suman una extensión equivalente a casi la mitad de España. Los bosques cubren actualmente el 32 % de la superficie terrestre y funcionan como gigantescos depósitos de carbono, almacenando 172 toneladas por hectárea. Su valor va más allá de la regulación climática, ya que albergan a la gran mayoría de las especies de anfibios, aves y mamíferos del mundo.
La Secretaría del Foro de las Naciones Unidas subraya que la experiencia de la última década demuestra que la cooperación internacional y el acceso a mercados sostenibles para las poblaciones locales son las herramientas más eficaces para frenar la degradación. Detener la deforestación no es solo una meta ambiental, sino una necesidad urgente para asegurar la salud de los ecosistemas de los que depende la vida humana.

