Revitalizar las economías rurales de Europa pasa, cada vez más, por saber aprovechar los recursos que durante décadas se han considerado residuos. Esa es la base de Harwasting, un proyecto europeo en el que participa el Instituto de Tecnología Química (ITQ), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universitat Politècnica de València (UPV). La iniciativa tiene como objetivo transformar de forma eficiente la biomasa infrautilizada procedente de la agricultura y la silvicultura en productos innovadores de alto valor añadido.

Residuos de cosecha, restos de poda, subproductos industriales y desechos agroforestales se convierten así en materia prima para nuevos modelos de negocio circulares que buscan dinamizar territorios rurales, generar empleo y reducir el impacto ambiental de la actividad productiva. El proyecto apuesta por un enfoque integral de economía circular que no solo reduce la generación de residuos, sino que minimiza las pérdidas económicas asociadas al desaprovechamiento de recursos naturales.

De residuos a materiales para la construcción sostenible

Uno de los pilares de Harwasting es la transformación de la biomasa en hidrocarbón, un material similar al carbón que se obtiene en condiciones húmedas, y su posterior conversión en productos industriales de alto rendimiento. Entre ellos destacan los paneles híbridos de madera e hidrocarbón y los bioadhesivos sostenibles, diseñados para aplicaciones que requieren resistencia al fuego, aislamiento electromagnético y altas prestaciones técnicas, especialmente en el sector de la construcción.

Este proceso se basa en la combinación de tecnologías como la Carbonización Hidrotérmica y la Extracción con Agua Caliente a Presión, junto a innovadores sistemas de postratamiento que permiten aprovechar al máximo cada fracción de la biomasa. La filosofía de "cero residuos" se convierte así en el eje central del proyecto, priorizando un uso eficiente de los recursos naturales y su transformación en productos industriales para mobiliario, edificación y bioenergía.

Desde el ITQ (CSIC-UPV), los investigadores trabajan además en la valorización de los subproductos líquidos generados en estos procesos, con el objetivo de obtener fertilizantes líquidos concentrados y compuestos químicos de interés industrial, reduciendo aún más el impacto ambiental del sistema.

Tecnología, innovación y desarrollo rural

La dimensión digital es otro de los grandes pilares de Harwasting. El proyecto incorpora herramientas de previsión para analizar la disponibilidad real de biomasa agroforestal no utilizada, lo que permite optimizar la logística de recogida, transporte y procesamiento de materiales. A ello se suma el desarrollo de pasaportes digitales para los productos finales, que aportarán trazabilidad, transparencia y confianza al mercado, facilitando su comercialización en cadenas de valor sostenibles.

Además, se creará una plataforma digital colaborativa que funcionará como un espacio de encuentro entre productores, investigadores, empresas y agentes rurales, fomentando sinergias, intercambio de conocimiento y nuevos modelos de cooperación económica basados en la economía circular.

Toda la investigación se validará en instalaciones piloto en distintas biorregiones europeas, concretamente en áreas mediterráneas de España, regiones boreales de Finlandia y zonas continentales de Rumanía, lo que permitirá adaptar los modelos de negocio a distintos contextos ambientales, sociales y productivos.

Un modelo europeo para la transición ecológica

Financiado por la European Research Executive Agency (REA) dentro del programa Horizon Europe, Harwasting arrancó en septiembre de 2025 y se desarrollará hasta febrero de 2029. El consorcio está formado por 16 socios de siete países europeos, lo que refleja su vocación internacional y su ambición transformadora.

Más allá de la innovación tecnológica, el proyecto representa una nueva forma de entender el desarrollo rural: convertir residuos en recursos, desechos en oportunidades económicas y territorios despoblados en espacios de innovación verde. Un modelo que conecta sostenibilidad ambiental, transición ecológica y justicia territorial, y que sitúa a las zonas rurales en el centro del futuro económico de Europa.