La simultaneidad de ambos fenómenos agrava sus efectos, compromete la producción de alimentos, tensiona el acceso al agua, incrementa la mortalidad y dispara la probabilidad de incendios y pérdidas agrícolas. Los autores del estudio subrayan que esta realidad evidencia una desigualdad profunda, las regiones con menos capacidad de adaptación serán las que soporten las consecuencias más severas de las emisiones generadas por las economías más ricas.
La investigación
Estas conclusiones proceden de una investigación conjunta de la Universidad Oceánica de China y del Instituto Alfred Wegener de Alemania. El equipo analizó cómo podrían evolucionar las condiciones climáticas hasta finales del siglo mediante 152 simulaciones basadas en ocho modelos distintos, incorporando escenarios demográficos y de calentamiento descritos en el Sexto Informe del IPCC. Los resultados se han publicado en Geophysical Research Letters.
El trabajo muestra que cumplir los compromisos internacionales de reducción de emisiones podría evitar que millones de personas queden expuestas a estos extremos ambientales. En cambio, mantener la trayectoria actual condicionaría la vida y la supervivencia de miles de millones de personas en las próximas décadas. Los investigadores recuerdan que calor y sequía se retroalimentan, cuanto más se intensifica uno, más se agrava el otro. Entre 2001 y 2020, la superficie terrestre experimentó de media cuatro episodios combinados al año, el doble que en la era preindustrial. Y aunque el clima se vuelve cada vez más impredecible, las simulaciones coinciden en que, si no se modifican las políticas actuales, casi 2.600 millones de personas, el 28 % de la población, afrontarán estos extremos en la década de 2090.
Sucesos a finales de siglo
Incluso en un horizonte más cercano, la década de 2030, un 6,6 % de la población ya estaría expuesta a niveles similares. Para finales de siglo, estos episodios podrían repetirse casi diez veces al año, con duraciones que rondarían las dos semanas, lo que supone incrementos de más del doble respecto a las últimas décadas. El análisis también confirma que estos cambios no pueden explicarse por causas naturales, cuando las simulaciones se limitan a variaciones climáticas no humanas, las tendencias desaparecen. Y, de nuevo, la desigualdad queda al descubierto, las regiones de bajos ingresos cercanas al ecuador y los trópicos serán las más castigadas, pese a ser responsables de una fracción mínima de las emisiones globales.

