La comparativa es sencilla pero reveladora. En una misma parcela conviven tres situaciones distintas: el barbecho desnudo, el cultivo de cereal en rotación y el barbecho semillado con una mezcla de flores y leguminosas. Los resultados no dejan lugar a dudas sobre cuál de las tres opciones es la más beneficiosa para el ecosistema agrícola: la mayor diversidad se da precisamente cuando los barbechos incorporan leguminosas.
La combinación de leguminosas y flores como las amapolas crea un hábitat rico y variado que atrae y sostiene a especies muy diferentes, desde los insectos polinizadores hasta las aves que habitan los paisajes abiertos. Las aves esteparias están especialmente amenazadas en España, un país que alberga muchas especies únicas en el mundo y que en las últimas décadas ha visto cómo su presencia en el campo se reducía de forma drástica.
Los datos recogidos tras dos años de seguimiento son contundentes. Los polinizadores se han multiplicado por tres, y la fauna auxiliar del suelo también se ha multiplicado de forma notable. Estos resultados confirman que se puede ganar biodiversidad real con cambios relativamente sencillos en la gestión del barbecho.
Por qué los polinizadores son imprescindibles
Los polinizadores no son solo un indicador de salud ambiental: son indispensables para la producción de alimentos. Existen máquinas capaces de realizar una polinización artificial, pero su coste es muy elevado, lo que las convierte en una opción contraproducente para los agricultores españoles, que verían encarecida su actividad sin necesidad. Frente a esa alternativa cara y artificial, recuperar las poblaciones de polinizadores de forma natural mediante prácticas como el barbecho con flores resulta mucho más eficiente y accesible.
Por todo ello, los expertos insisten en que es necesario apoyar este tipo de prácticas agrícolas, capaces de devolver biodiversidad al campo español sin necesidad de abandonar la actividad productiva ni de asumir grandes inversiones.

