La empresa parte de una idea central: viajar a sitios exóticos es un privilegio, pero ese privilegio exige elegir bien los destinos y la forma de visitarlos. Por eso diseñan viajes que son sostenibles tanto a nivel medioambiental como social, contribuyendo siempre a un intercambio justo con las comunidades de acogida.

Uno de los aspectos en los que insisten es que los viajes de larga distancia a destinos exóticos no tienen por qué ser menos sostenibles de lo que se piensa. De hecho, sostienen que estos trayectos largos contaminan menos que algunos desplazamientos de corta distancia, como un viaje en coche entre Madrid y A Coruña, lo que rompe con la idea de que volar lejos es automáticamente la opción menos respetuosa con el medioambiente.

Destinos exóticos, pero sin ser invasivos

El otro gran eje de su filosofía es evitar que el turismo se convierta en algo invasivo para las comunidades visitadas. Para ello, tienen muy en cuenta a las comunidades de cada destino, buscando que la experiencia turística sea también una oportunidad de convivencia e intercambio de valores entre viajeros y locales.

Esta forma de entender el turismo se traduce en decisiones muy concretas: la empresa establece contacto directo con guías, hoteles y restaurantes locales, siendo conscientes en todo momento de dónde viene cada servicio que ofrecen. Por ejemplo, eligen hoteles pequeños y dirigidos por gente de la propia comunidad en lugar de grandes cadenas internacionales. Esto implica renunciar a ciertos lujos a los que el viajero podría acceder en otro tipo de turismo, pero a cambio se aporta un valor real a los destinos y a quienes los habitan.

Mujeres al frente: una apuesta por la emancipación económica

La empresa reconoce que no siempre es fácil, pero trabaja para que una parte de los establecimientos turísticos con los que opera, tanto restaurantes como hoteles, estén gestionados por mujeres. El objetivo es contribuir a su emancipación económica en contextos donde ellas lo tienen significativamente más difícil para acceder a posiciones de liderazgo y autonomía financiera.

La iniciativa responde a una convicción clara: que el turismo puede ser una palanca de cambio real para reducir la brecha de género, siempre que quienes operan en el sector tomen decisiones conscientes sobre con quién trabajan y a quién apoyan.

Protección de la infancia, un compromiso certificado

El otro pilar de su compromiso social es la protección de la infancia. La compañía está asociada a The Code, un sello de certificación global en el ámbito del turismo que tiene como misión combatir el abuso infantil, con especial atención al abuso sexual, un problema que en determinadas regiones de Asia sigue siendo especialmente grave.

La adhesión a este tipo de certificaciones no es un gesto simbólico: implica protocolos concretos, formación del personal y un compromiso activo para que los entornos turísticos sean espacios seguros para los menores. Un recordatorio de que el turismo responsable va mucho más allá de reducir la huella de carbono.