Un reciente estudio científico liderado por investigadores del Possibility Institute ha confirmado un cambio de tendencia preocupante en la era de la inteligencia artificial: lejos de democratizar el éxito, el uso masivo de esta tecnología está ensanchando una nueva brecha social. Según los datos analizados, la mayoría de los usuarios está perdiendo su ventaja competitiva en el entorno laboral frente a una minoría que utiliza estas herramientas de forma estratégica.

El problema reside en que gran parte de la población está sustituyendo sus procesos de razonamiento por respuestas generadas por inteligencias artificiales, lo que genera resultados estandarizados y carentes de valor diferencial en el mercado profesional.

El estancamiento del pensamiento estandarizado

La doctora Vivienne Ming, jefa científica del Possibility Institute y fundadora de Socos Labs, señala que el uso de la IA a través de dispositivos móviles y asistentes virtuales está conduciendo a una homogeneización del pensamiento. Cuando un usuario realiza una consulta y recibe una respuesta procesada que es idéntica a la que recibe cualquier otra persona, el valor de esa información es nulo desde una perspectiva competitiva. Esta dinámica crea una dependencia que inhibe el esfuerzo cognitivo individual, situando al usuario en una posición de desventaja estructural.

De hecho, al delegar tareas de resolución de problemas constantemente, el cerebro deja de ejercitar las áreas vinculadas a la memoria de trabajo y la integración conceptual. Ming advierte que acostumbrar a que la IA piense por el usuario acaba afectando a su agilidad mental a largo plazo, provocando lo que denominan una atrofia cognitiva.

Además, la investigación destaca que la verdadera brecha se encuentra en la manera en cómo se usa la IA. La pequeña minoría que está logrando beneficios significativos es aquella que la integracomo unaextensión de su propio proceso de razonamiento, utilizándola para cuestionar hipótesis o sintetizar datos complejos bajo supervisión humana. En cambio, los que tienden a delegar el proceso de pensamiento completo, obtienen resultados correctos pero de peor calidad.

El valor económico del criterio propio

Estas diferencias en el uso se traducen directamente en desigualdades económicas tangibles. El estudio Global AI Jobs Barometer 2025 de la consultora PwC revela que las empresas pagan hasta un 56% más a los empleados con habilidades avanzadas en IA que a los trabajadores que carecen de ellas.

De hecho, en los sectores más expuestos a la automatización, los salarios están creciendo al doble de velocidad en aquellas posiciones donde se requiere una integración profunda de la IA con el razonamiento humano. Estos datos sugieren que la tecnología está premiando a los perfiles que mantienen el control creativo, mientras perjudica económicamente a los trabajos que dependen de procesos y soluciones estándar.

Los riesgos para la productividad global

La fractura es también global. Datos del Microsoft AI Economy Institute de 2025 indican que la adopción de herramientas de IA generativa en el Norte Global crece casi al doble de velocidad que en el Sur Global. Actualmente, el 24,7 % de la población activa en las economías desarrolladas utiliza estas herramientas de forma habitual, frente a solo un 14,1 % en las economías en desarrollo. Esta asimetría amenaza con ampliar las diferencias históricas de productividad entre regiones.

De hecho, según unanálisis del Fondo Monetario Internacional(FMI), sin políticas de formación específicas, la tecnología favorecerá la concentración de la riqueza en manos de propietarios de capital y trabajadores de alta cualificación, dejando atrás a las clases medias cuyos empleos son más susceptibles de ser sustituidos por sistemas automatizados genéricos que no requieren intervención humana compleja.

Lo que está claro es que la ventaja competitiva en el futuro cercano no residirá en tener acceso a la información(puesto que estará al alcance de todos), sino en la capacidad de cuestionarla, interpretarla y transformarla.