La digitalización en España continúa su tendencia ascendente, considerándose ya un hábito consolidado en la vida cotidiana de la población. Los últimos datos de 2026, correspondientes al informe de Consumo y Audiencia Digital de GfK DAM, indican que la penetración de internet alcanza ya al 86,5% de los ciudadanos, lo que supone un volumen superior a los 41 millones de usuarios mensuales.
Dicho de otra manera: casi nueve de diez ciudadanos se conectan diariamente a la red. De hecho, la base de usuarios ha crecido un 2 % respecto al mismo periodo del año anterior, y el tiempo medio de permanencia en la red se sitúa en tres horas y quince minutos por día, una cifra que evidencia la centralidad de las pantallas en la gestión del tiempo personal, profesional y de ocio.
El impacto de las redes sociales en la gestión del tiempo
Para comprender la magnitud de estas cifras, es necesario observar el peso de las plataformas sociales. Según el Estudio Anual de Redes Sociales 2025 de IAB Spain, el 86 % de los internautas españoles entre 12 y 74 años son usuarios activos de estas plataformas, lo que equivale a 32,4 millones de ciudadanos españoles.
YouTube e Instagram se mantienen como las redes con mayor capacidad de influencia en el consumo, mientras que TikTok, con su algoritmo de recomendación infinito y formato de vídeo corto, ha sido uno de los mayores responsables del aumento en los minutos de conexión diaria. La gente se pasa horas y horas haciendo scroll sin darse cuenta.
El informe de IAB destaca que el entretenimiento es el principal motivo de uso para el 81 % de los encuestados, seguido de la interacción social(66 %). Un dato relevante que complementa la información de actualidad es el aumento del“seguimiento de marcas”: el 35 % de los usuarios utiliza las redes sociales de forma activa para interactuar con perfiles comerciales antes de realizar una compra, lo que vincula el consumo digital directamente con la actividad económica y el comercio electrónico.
El desafío del bienestar digital y la salud mental
El aumento sostenido del tiempo de conexión conlleva implicaciones directas en el bienestar de la población. El estudio Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital(2025) elaborado por UNICEF España en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela, aporta una visión crítica sobre la calidad de este consumo. El estudio revela que el 14,2 % de los adolescentes españoles presenta síntomas de malestar emocional vinculados al uso intensivo de pantallas, y un 55 % de los jóvenes usuarios manifiestan niveles de ansiedad cuando no pueden revisar sus notificaciones de forma inmediata.
Los expertos coinciden en que la denominada“economía de la atención”(la forma en la que están diseñadas las interfaces con tal de maximizar el tiempo de permanencia) está alterando los patrones de sueño y la capacidad de concentración. El informe de UNICEF subraya que casi un 20 % de los jóvenes dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales durante el fin de semana, una cifra que coincide con la tendencia de crecimiento reportada por EFE y que plantea la necesidad de implementar estrategias de higiene digital y educación emocional desde edades tempranas para prevenir conductas adictivas.
La paradoja de la economía plateada
El dato más disruptivo del informe de GfK DAM no se encuentra en los jóvenes, sino en la economía plateada. Mientras que otros grupos demográficos muestran un crecimiento plano, el segmento de mayores de 65 años es el que registra los mayores incrementos porcentuales en tiempo de conexión.
Como ya se ha analizado en Levanta la Cabeza, esta tendencia de cierre de la brecha digital se inicia con fuerza a partir de los 55 años, un grupo que ha integrado el uso de dispositivos inteligentes y aplicaciones como una herramienta imprescindible para mantener su autonomía. Sin embargo, este fenómeno no responde mayoritariamente a una elección voluntaria, sino a una digitalización forzosa de servicios básicos como el acceso bancario, los trámites sanitarios o la administración pública.
Esta transición hacia lo virtual conlleva un coste social invisible: la pérdida del rastro humano en las gestiones diarias. Al desaparecer la presencialidad, la pantalla sustituye el contacto social cotidiano, lo que puede derivar en una soledad no deseada donde la tecnología, en lugar de actuar como un puente de comunicación, acaba funcionando como una barrera aislante que profundiza el desarraigo de los más vulnerables.
Aunque las cifras de navegación y el volumen de usuarios resultan impactantes, la prioridad hoy no es seguir sumando minutos de conexión, sino aprender a gestionarlos con criterio. Resulta fundamental fomentar un entorno digital consciente y equilibrado para evitar que esta hiperconectividad se nos vaya de las manos.
