Nuestros álbumes de fotos han saltado de la estantería del salón a la palma de la mano de desconocidos: la infancia se ha convertido en un contenido más dentro del scroll infinito de las redes sociales. Publicamos para conectar o para guardar un recuerdo, pero rara vez nos detenemos a pensar en la huella permanente que estamos tatuando en la identidad de nuestros hijos.
A pesar de que las advertencias sobre el sharenting crecen, sigue habiendo una desconexión entre el amor que sentimos por nuestros hijos y nuestros esfuerzos por proteger su imagen en el mundo digital. Reconocer los riesgos de esta práctica es una tarea pendiente en nuestra sociedad, que ha normalizado la exhibición constante de lo que sucede en la esfera privada.
Las fotos son inocentes, ¿la persona que las ve también?
Compartir fotos y vídeos de nuestros hijos en redes sociales se ha vuelto una práctica tan habitual que muchos padres no la cuestionan: las publicaciones para celebrar logros y compartir momentos familiares parecen inofensivas. Sin embargo, como advierte Natalia Díaz, la activista y divulgadora antisharenting conocida en redes sociales como Medianoche, es fundamental reflexionar sobre lo que realmente significa exponer a un menor en un espacio público y sin control.
Díaz señala un dato alarmante: según un estudio realizado en 2023 por la Univestitat Oberta de Catalunya, el 72 % del material incautado en redes de pedofilia son imágenes de menores sin ningún tipo de connotación sexual, sacadas directamente de las redes sociales de sus padres. Este dato nos recuerda que, aunque pensemos que una foto está a salvo en nuestro perfil privado, al publicarla perdemos el control sobre ella.
Para Díaz, autora de Protege a tus hijos de la sobreexposición en la red, el problema radica en que las redes sociales han normalizado la exposición de la infancia sin que reflexionemos sobre sus implicaciones. Muchos padres publican imágenes de sus hijos sin pensar en quién puede verlas, dónde pueden acabar o cómo pueden ser utilizadas. Esto no solo crea huellas digitales imborrables: también abre la puerta a que extraños accedan a imágenes que, en otras circunstancias, nunca compartiríamos con ellos.
El impacto del sharenting en los derechos de los menores
Además de los riesgos asociados al sharenting, hay que tener en cuenta que esta práctica vulnera los derechos fundamentales de la infancia, especialmente el derecho a la intimidad y la privacidad y el derecho a la propia imagen. Los niños no tienen la capacidad de decidir sobre su presencia en redes sociales, porque no comprenden completamente los riesgos, las consecuencias ni la magnitud de su exposición en ellas. Al compartir sus imágenes, los padres están tomando una decisión que afecta a sus hijos de manera permanente, sin que ellos puedan consentirlo o influir en la decisión.
El derecho a la dignidad también se ve comprometido porque los menores son expuestos a la mirada pública, a veces incluso en sus momentos más personales. Muchos padres comparten recuerdos o anécdotas sin detenerse a pensar que lo que para ellos puede ser algo trivial, como un mal día o una travesura, puede ser visto por cualquiera: desde familiares y amigos cercanos hasta el compañero de clase que hace bullying a su hijo. Esta exposición constante puede generar en los niños incomodidad e inseguridad, llegando en ocasiones a afectar gravemente a su autoestima.
En algunos casos, la seguridad de los menores se ve gravemente comprometida porque sus padres comparten información sobre su rutina: fotos en las que se ve su uniforme escolar, los parques que frecuentan o incluso la fachada de su casa. Estos detalles que tantas veces se publican sin malicia pueden poner en grave peligro la integridad física de los menores, especialmente cuando los padres son influencers con millones de seguidores, lo que multiplica el peligro considerablemente. Los perfiles privados tampoco están exentos de riesgo: la exposición continua, aunque con un alcance más limitado, puede abrir la puerta a situaciones igualmente peligrosas.
El marco legal frente al sharenting, una asignatura pendiente
En España, la normativa vigente en torno a la intimidad, la protección de la imagen y los datos de menores cubre parcialmente la exposición de los niños en redes sociales. Sin embargo, la Agencia Española de Protección de Datos(AEPD) ha advertido de que compartir imágenes de menores en plataformas digitales pone en riesgo su privacidad, aumentando su exposición a peligros como el ciberacoso, el grooming y la pérdida total de control sobre su huella digital. Aun así, no existe un marco legal que lo regule de manera directa.
El Reglamento General de Protección de Datos(RGPD) de la Unión Europea refuerza la protección de la información personal de los menores, pero expertos y activistas coinciden en que este enfoque no es suficiente. El Parlamento Europeo ha comenzado a considerar el sharenting como una amenaza directa a los derechos de la infancia y está evaluando medidas para imponer límites más claros sobre la exposición digital de los niños. Franciaaprobó en 2024 una ley específica que fortalece el derecho a la imagen infantil y permite la intervención judicial si una publicación infringe la dignidad o integridad moral del menor.
La barrera del respeto a la privacidad infantil
Aunque la concienciación sobre el sharenting es cada vez mayor, muchos padres siguen creyendo que su potestad sobre sus hijos prevalece sobre los derechos de los menores. Esta mentalidad se basa en la creencia de que, como responsables del bienestar de sus hijos, tienen el derecho absoluto de decidir por ellos. Sin embargo, al compartir fotos de sus hijos, los padres pueden estar tomando decisiones que afectarán a sus hijos de manera irreversible.
Este dilema también está vinculado a la presión social que algunos padres sienten por mostrar sus vidas en plataformas públicas. La necesidad de validación digital y la búsqueda de aprobación pueden llevar a los padres a compartir de manera excesiva momentos familiares. Para muchos, no compartir fotos de sus hijos implica perder una conexión con su círculo social o incluso con su comunidad virtual. Además, a menudo, los familiares cercanos, como abuelos o tíos, no comprenden la importancia de respetar las decisiones de los padres y difunden imágenes sin el consentimiento o conocimiento de los padres. Este comportamiento genera un ciclo de exposición involuntaria que pone en riesgo la seguridad y la dignidad de los niños.
