La generación de textos mediante inteligencia artificial es algo cada vez más frecuente. Estos modelos han alcanzado una prosa perfecta e impecable que es difícil de distinguir de los textos escritos por humanos. Tanta perfección nos hace dudar entre si el autor del texto es una persona o un robot.

Esta desconfianza se ha convertido en un punto de inflexión cuya solución, para muchos, ha sido la imperfección, es decir, cometer erratas y faltas de ortografía adrede para señalar esa humanidad en el texto.

La sospecha de la prosa perfecta

Cada vez es más complicado identificar si un texto ha sido escrito por un humano o ha sido generado por inteligencia artificial. De hecho, están aumentando las herramientas que detectan los textos generados con IA como Turnitin, Scribbr o Compilatio. La realidad es que estos modelos cada vez dan mejores resultados y han alcanzado una prosa impecable, sin erratas ni faltas de ortografía. Esta perfección es la principal delatora de estos textos entre otras cosas.

La escritura limpia y sin errores junto con la homogeneización del lenguaje global caracterizan los textos generados con IA, lo que está provocando una crisis de identidad en la escritura, principalmente en la digital. Este efecto refleja patrones en el lenguaje y una estandarización muy occidentalizada que producen un lenguaje pulcro y perfecto, pero con razonamientos repetidos y poco diversos. Tal es la perfección y dificultad de diferenciar estos textos que la forma de percibir los textos escritos está cambiando.

Errare humanum est

Esta idea se ha ido introduciendo poco a poco en nuestros textos y nuestros cerebros. Preferimos cometer errores a ser acusados de haber escrito nuestro texto con IA. Lo que antes se consideraba un descuido o falta de profesionalidad, ahora parece destacar como símbolo de prestigio. Esta práctica de cometer errores y faltas gramaticales a propósito, denominada typomaxxing, es cada vez más habitual. El error humano es visto como un nuevo símbolo de estatus y autenticidad que nos distingue de la IA.

Esta situación se produce incluso en ámbitos profesionales, donde no solo se busca la diferenciación de la IA sino que también entra en juego el poder. La lingüista Deborah Tannen sostiene que el lenguaje es una constante muestra de poder, una jerarquía donde prima el uso correcto y técnico de la lengua que en muchos casos crea asimetría. Históricamente, este buen conocimiento sobre el lenguaje proyectaba cierto estatus. ¿Son las erratas la forma de devolver el poder a quien puede permitirse este fallo por su posición?

No obstante, esta estrategia, según señala el catedrático experto en IA Julio Alonso Arévalo, está sirviendo para entrenar involuntariamente a los diferentes modelos de lenguaje. En un futuro cercano, estas erratas y errores ortográficos serán procesados como patrones estadísticos de autenticidad, lo que permitirá que la IA los replique en sus textos.

La IA deja rastro

¿Es necesario cometer erratas aposta para diferenciarse de la IA? La realidad es que no. Por lo general, los textos generados por IA tienen resultados bastante buenos, pero tienen ciertos rasgos que nos permiten identificarlos como texto generado por una inteligencia artificial y no por un humano. La firma Libra Sentinel, consultora especializada en privacidad de datos y gobernanza de IA, señala las siguientes características identificativas:

  • Estructura del texto. El contenido generado por IA suele ser demasiado ordenado y perfecto. Las listas tienden a ser simétricas y los párrafos siguen un ritmo uniforme. La longitud de oraciones siguen un patrón repetitivo y es bastante frecuente el uso de triadas, por ejemplo la estructuración del texto en fortalezas, debilidades y oportunidades. Además, es frecuente que cada texto generado por IA finalice con un apartado de conclusiones.
  • Características lingüísticas y signos de puntuación. Las repeticiones de palabras o construcciones sintácticas son bastante comunes, al igual que el uso excesivo de la raya para añadir información, en lugar de usar comas u otro tipo de puntuación. Es bastante frecuente el uso de conectores demasiado formales y artificiales que un humano utilizaría con más naturalidad. Además, no suele haber erratas, pero en ocasiones se presentan ciertos errores de puntuación y ortográficos según señala la RAE.
  • Tono y coherencia. Generalmente se usa un tono precavido y neutro. Las marcas personales como la ironía o la ambigüedad suelen ser inexistentes y el texto, generalmente, es excesivamente explicativo e incluso reflexivo. También es común la aparición de pros y contras.
  • Perspectiva global. Los textos generados suelen ser muy generales, es decir, es frecuente que no haya referencias precisas o verificables como fechas exactas, nombres de autores o las fuentes utilizadas.