¿Quién no ha utilizado Suno u otras aplicaciones similares para crear una canción sobre una situación graciosa? Las canciones creadas a partir de conversaciones de WhatsApp o de cualquier situación cotidiana son la nueva tendencia musical que, en muchos casos, se ha convertido en una vía de negocio para sus creadores.
La IA permite que cualquiera pueda componer una canción en unos pocos minutos dándole un contexto y unas directrices básicas. Sin embargo, esta situación está generando un gran impacto en los derechos de autor, las regalías e incluso la visibilidad de los artistas.
Canción a base de prompt
El panorama musical ha cambiado mucho en los últimos años. Ahora con usar unas pocas frases en plataformas como Suno AI o Udio, cualquiera puede generar una canción entera en segundos, sin tener conocimientos musicales ni ser un artista. Los resultados están bastante logrados, de hecho, según un estudio realizado por Deezer, el 97 % de las personas no diferencia entre canciones generadas con IA y canciones hechas por humanos. Es más, la presencia de esta música en las plataformas de streaming va en aumento. En menos de dos años, la distribución de este tipo de música ha crecido de un 1 % a un 40 %.
A los oyentes no parece importarles si la música y el propio intérprete están generados con IA. Un ejemplo de esto es Breaking Rust, un cantante generado totalmente con IA que ha llegado a encabezar las listas de Billboard en Estados Unidos. Este cantante virtual de country cuenta con más de 97.000 seguidores en Instagram y acumula altas cifras en Spotify. Muchos de sus oyentes, sin saber que es un cantante creado con inteligencia artificial, elogian sus letras e incluso le piden que haga una gira. Este caso no es el único, Xania Monet, otra artista generada con Suno AI consiguió un contrato discográfico multimillonario.
No obstante, hay otros casos en los que ocurre lo contrario. La distribuidora Altafonte retiró de las plataformas de streaming musical todas las canciones del grupo emergente español “Las Nenas”, ya que considera que la IA vulnera la creatividad y la sostenibilidad económica de los artistas y de la industria musical. Este proyecto se había presentado como un grupo de tres chicas de Majadahonda que, en realidad, no existían. Detrás solo había dos personas creando música con Udio, aunque afirmaron que las letras eran completamente suyas. Según declararon después, su intención era comprobar si este grupo virtual resultaba creíble ante el público. Este experimento no sentó bien a los oyentes, muchos seguidores que habían comprado vinilos solicitaron la devolución al sentirse estafados por esta falta de transparencia.
Saturación de streaming y reacción de la industria musical
El uso de la IA para generar música ha alcanzado una producción masiva que ha influido en las acciones de las diferentes plataformas. Solo Spotify ha eliminado más de 75 millones de pistas en los últimos 12 meses. Esta situación satura las plataformas y, además, afecta al reparto de regalías.
La OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) advierte que el modelo actual de regalías no está preparado para esta situación. Es necesario redefinir un modelo de atribución dinámica y proporcional, de manera que se garantice una compensación económica en función del uso de la música de esos artistas, ya que establecer una tarifa plana por canción utilizada en los entrenamientos de la IA no es razonable cuando el resultado imita a un artista específico. Para lograrlo, proponen usar vectores de audio (audio embeddings) que midan la similitud musical y compensen a los artistas proporcionalmente en función del resultado final.
Por otro lado, Spotify ha implementado etiquetas para identificar el contenido generado con inteligencia artificial. De esta manera, los oyentes podrán saber si alguna parte de la composición utiliza IA o si el perfil corresponde a un artista sintético. Esta medida pretende devolver la confianza y el control a los usuarios.
El cerco legal de la música con IA: de marcas registradas a penas de cárcel
Esta situación actual ha creado disputas legales y luchas por los derechos de autor. Cantantes como Taylor Swift han decidido iniciar trámites legales para registrar su propia voz e imagen como marca comercial ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos. Esta vía a la que ha recurrido la cantante permitirá sancionar cualquier similitud generada con IA tanto de voz como de imagen.
En paralelo, la justicia ha empezado a actuar contra el fraude en el streaming y la manipulación de regalías. Recientemente, Michael Smith se ha declarado culpable en Nueva York tras generar más de 8 millones de dólares en regalías fraudulentas. Durante varios años, creó un catálogo musical generado completamente con inteligencia artificial y lo distribuyó por diferentes plataformas que, mediante bots, reprodujo de manera automática para sacar beneficio. La fiscalía ha determinado que estos fondos están destinados a artistas reales, por lo que Smith puede enfrentar hasta cinco años de prisión por fraude y la incautación total de las ganancias. De esta manera, los tribunales estadounidenses abren una puerta al control sobre la música y su explotación ilícita.
