Sin embargo, desde el punto de vista médico, este fenómeno no está reconocido como una entidad clínica real, sino como un conjunto de síntomas vagos y transitorios que muchas personas asocian culturalmente al cambio de estación. La evidencia científica más reciente incluso cuestiona su existencia como síndrome estacional, y apunta a que podría tratarse más de una percepción colectiva que de un proceso fisiológico.
Astenia funcional
El doctor Ezequiel Arranz, coordinador del Grupo de Trabajo de Diabetes, Endocrinología y Metabolismo de SEMERGEN, recuerda que la astenia primaveral no figura como diagnóstico en los sistemas internacionales de clasificación de enfermedades. Explica que "se trata, más bien, de un conjunto de síntomas inespecíficos que muchas personas refieren al inicio de la primavera, y que la mayor parte de los expertos encuadra dentro de lo que se denomina astenia funcional, es decir, sin una causa orgánica identificable". Estos síntomas suelen ser leves, autolimitados y desaparecen solos en pocos días o semanas. Por eso, cuando se prolongan más de dos o tres semanas, los especialistas insisten en la importancia de descartar causas médicas reales.
La investigación reciente refuerza esta idea. Un estudio publicado en 2026 en el Journal of Sleep Research, liderado por la Dra. Christine Blume, siguió durante un año a más de 400 adultos de Alemania, Suiza y Austria y no encontró variaciones significativas en la fatiga, la somnolencia o la calidad del sueño entre estaciones. Según Arranz, los autores concluyen que la astenia primaveral "responde más a un fenómeno cultural que a un síndrome fisiológico real". A este componente social se suma otro factor, la influencia del mercado de suplementos. Cada primavera aumentan las ventas de vitaminas y productos energizantes, impulsadas por la idea de que existe un cansancio estacional que debe tratarse. Sin embargo, el experto recuerda que "la evidencia científica no respalda el uso sistemático de suplementos vitamínicos en personas sin déficit demostrado analíticamente" y que tomar vitaminas sin necesidad no mejora la energía.
Otras causas
El reto, entonces, es distinguir este malestar pasajero de problemas de salud que sí requieren atención. La anemia es una de las causas más frecuentes de cansancio en atención primaria y suele acompañarse de palidez, palpitaciones o falta de aire al hacer esfuerzos. El hipotiroidismo comparte síntomas como la somnolencia, el frío o el ánimo bajo, pero se confirma con una analítica que mide la TSH. Arranz subraya que ambos problemas pueden coexistir, ya que la hormona tiroidea es necesaria para producir glóbulos rojos. En el caso de la depresión, la fatiga puede confundirse con astenia, pero se diferencia por la presencia de falta de interés, desesperanza y un deterioro funcional mayor. El especialista recuerda que "a diferencia de la fatiga estacional, los síntomas depresivos no remiten espontáneamente con el cambio de estación y requieren evaluación y tratamiento específicos".
Aunque muchas personas atribuyen su cansancio a la primavera, los expertos insisten en que la clave está en observar la duración y la intensidad de los síntomas. Si el agotamiento es leve y coincide con los primeros días de cambio estacional, es probable que se trate de un ajuste temporal. Pero si persiste, interfiere en la vida diaria o se acompaña de otros signos, es fundamental consultar para descartar causas orgánicas. La primavera puede traer luz, alergias y cambios de ritmo, pero no debería convertirse en una explicación automática para un cansancio que, en ocasiones, puede tener detrás un problema de salud real.
