Los pequeños cortes, las heridas provocadas por caídas o las quemaduras domésticas son situaciones habituales que, en muchos casos, pueden tratarse en casa. Sin embargo, es importante saber cómo actuar para evitar infecciones y reconocer cuándo es necesario acudir a un profesional sanitario.

Agua y antisépticos: qué precauciones tomar

Silvia Blasco, enfermera de cirugía general y aparato digestivo del Hospital de Alcañiz (Teruel) y vocal de la Sociedad Española de Heridas (SEHER), explica que el primer paso para curar una herida abierta es limpiarla con agua potable, con el objetivo de eliminar posibles contaminantes. Si se ha producido en un entorno con mayor riesgo de infección, como un parque frecuentado por animales, o la zona está sucia, puede ser aconsejable utilizar también un antiséptico. Entre las opciones para desinfectar una herida se encuentran la povidona iodada y la clorhexidina, aunque su uso requiere ciertas precauciones. La povidona iodada no debe utilizarse en bebés menores de un año ni en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. Además, su absorción aumenta cuando existe una herida abierta o una quemadura extensa, por lo que es importante evitar el uso reiterado o abusivo.

En el caso de la clorhexidina, también se debe tener cuidado con los bebés. Por ello, la especialista recomienda leer el prospecto del producto que se vaya a utilizar. Una vez limpia, la herida debe permanecer cubierta en lugar de dejarse al aire. Según Blasco, la humedad favorece el proceso de cicatrización, ya que ayuda al funcionamiento de los fibroblastos, las células que participan en la reparación de los tejidos. Para protegerla se pueden utilizar gasas, tiritas o apósitos que cierren la herida por todos sus lados. También existen apósitos y tiritas de silicona que pueden resultar adecuados para personas con la piel sensible, como bebés y personas mayores.

Quemaduras: enfriar con agua y vigilar su evolución

En cuanto a los cambios de apósito, la recomendación es evitar sustituirlo diariamente de forma sistemática y mantenerlo colocado el mayor tiempo posible, siempre que la evolución sea favorable. Si aparece dolor, enrojecimiento o supuración, es necesario que un profesional valore la lesión. Las quemaduras domésticas, por ejemplo, al cocinar o utilizar una plancha, requieren una actuación específica. La primera medida consiste en bajar la temperatura de la zona con agua fría del grifo, pero nunca con hielo. Si únicamente queda enrojecimiento, puede utilizarse una pomada de aloe vera de uso sanitario. La enfermera desaconseja aplicar directamente el aloe extraído de la planta. Si la quemadura se inflama, es recomendable acudir al médico, ya que podría ser necesario un tratamiento con corticoides, que requiere receta.

Cuando aparece una ampolla, lo aconsejable es mantener la zona cubierta y solicitar una valoración sanitaria. La lesión puede ser más profunda de lo que parece a simple vista, por lo que una revisión por parte de un profesional permite determinar su gravedad. En el caso de las quemaduras producidas por productos corrosivos, la recomendación es acudir a un centro de salud o a urgencias y llevar el envase del producto para facilitar la valoración. Por último, estas recomendaciones generales están dirigidas a personas sanas. Quienes tienen diabetes, hipertensión o problemas del sistema linfático, venoso o arterial deben acudir al médico ante una herida, debido al mayor riesgo de complicaciones.