La investigación, publicada en la revista Annals of Internal Medicine, aporta nuevas evidencias sobre la relación entre la falta de sueño y la obesidad, uno de los principales factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Aunque la alimentación equilibrada y la práctica de ejercicio siguen siendo fundamentales para prevenir el exceso de peso, los investigadores destacan que dormir lo suficiente también desempeña un papel importante.
Un estudio de doce semanas
Hasta ahora, la mayoría de estudios sobre este tema se habían basado en situaciones de privación extrema de sueño, con apenas cuatro horas de descanso por noche. Sin embargo, los autores consideran que ese escenario no refleja la realidad de gran parte de la población. "Nuestro estudio demuestra que dormir lo suficiente puede ayudar a reducir el riesgo de aumento de peso y afecciones relacionadas con la obesidad, como enfermedades cardíacas y diabetes", explica Marie-Pierre St-Onge, profesora de medicina nutricional de la Universidad de Columbia. Para analizar los efectos de una restricción moderada y prolongada del sueño, el equipo investigador contó con la participación de 95 adultos que habitualmente dormían entre siete y ocho horas cada noche.
Durante una fase de seis semanas, los participantes retrasaron su hora habitual de acostarse 90 minutos, mientras que en otra fase mantuvieron sus horarios normales de descanso. A lo largo del estudio, los investigadores monitorizaron el sueño y la actividad física mediante dispositivos de muñeca, además de registrar cambios en el peso corporal, la circunferencia de la cintura, la composición corporal y diferentes hormonas relacionadas con el apetito. Los resultados mostraron que quienes durmieron menos ganaron una media de medio kilo en solo seis semanas. Según Faris Zuraikat, primer autor del estudio, aunque esta ganancia de peso pueda parecer reducida, cobra importancia al producirse en un periodo relativamente corto. Los investigadores señalan que, si este patrón de descanso insuficiente se mantuviera durante un año, el aumento de peso podría llegar a ser clínicamente significativo.
Más tiempo sentado y mayor riesgo para la salud
Además del incremento de peso, la reducción del sueño también estuvo relacionada con un aumento del sedentarismo. Los participantes permanecieron inactivos una media de 17 minutos más al día durante el periodo de restricción del sueño. En el caso de los hombres y de las mujeres posmenopáusicas, ese incremento alcanzó casi los 30 minutos diarios. Los investigadores subrayan que este resultado es especialmente relevante porque, incluso teniendo más horas despiertos, los participantes no aprovecharon ese tiempo para realizar más actividad física, sino que permanecieron más tiempo sentados o inactivos, un comportamiento que se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas. Los autores recuerdan además que investigaciones previas realizadas con parte de los mismos participantes ya habían detectado otros efectos derivados de dormir menos.
En mujeres con mayor riesgo cardiometabólico, la reducción del sueño durante seis semanas se asoció con una mayor resistencia a la insulina, uno de los principales factores de riesgo para desarrollar diabetes tipo 2. Estos efectos fueron especialmente marcados en mujeres posmenopáusicas. Otro estudio del mismo grupo también observó que hombres y mujeres con riesgo cardiovascular elevado presentaban una mayor acumulación de células inflamatorias en el corazón tras una restricción moderada del sueño. A la vista de estos resultados, los investigadores consideran que la falta de descanso podría aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2 y las patologías cardiovasculares, y señalan la necesidad de seguir investigando si mejorar los hábitos de sueño puede contribuir a reducir estos riesgos en las personas que duermen de forma insuficiente de manera habitual.
