Los investigadores del Instituto de Diabetes Dasman de Kuwait compararon durante 16 semanas los efectos de dos dietas bajas en grasas en dos grupos de ratones: una con sacarosa y otra sin ella. Analizaron la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina, las hormonas metabólicas circulantes, el microbioma intestinal y la inflamación en el colon y el hígado.
Los resultados fueron sorprendentes. Los ratones alimentados sin sacarosa desarrollaron un control deficiente de la glucosa, resistencia a la insulina, desequilibrio de la microbiota intestinal, inflamación intestinal y cambios en el hígado graso, a pesar de que su peso corporal no presentó diferencias significativas respecto al grupo de control. Es decir, eliminar el azúcar no adelgazó más a los animales, pero sí alteró gravemente su salud metabólica e intestinal.
Una nutrición equilibrada, más importante que eliminar el azúcar
Rasheed Ahmad, científico principal y jefe del Departamento de Inmunología y Microbiología del Instituto de Diabetes Dasman, resume así las conclusiones: "Eliminar por completo la sacarosa de una dieta baja en grasas podría alterar inesperadamente la salud intestinal y promover la inflamación y la disfunción metabólica, lo que subraya que una nutrición equilibrada es más importante que simplemente eliminar el azúcar".
Los hallazgos apuntan a que mantener un equilibrio de carbohidratos en la dieta resulta esencial para sostener la homeostasis intestinal e inmunológica. Hasta ahora se desconocían las consecuencias de las dietas restrictivas que eliminan el azúcar dentro de un patrón bajo en grasas, y este estudio aporta por primera vez evidencia sobre sus efectos negativos.
Ahmad señala que la investigación "puede influir en las futuras recomendaciones dietéticas al enfatizar la importancia de mantener una microbiota intestinal saludable en lugar de centrarse únicamente en la restricción de azúcar". Y concluye que, a largo plazo, estos hallazgos podrían ayudar a mejorar las estrategias para prevenir y controlar los trastornos metabólicos, la enfermedad del hígado graso y las afecciones inflamatorias crónicas.
