Obtendríamos mejores resultados que en una dieta mediterránea o una alimentación baja en grasas y basada principalmente en vegetales, según un ensayo clínico de la Universidad de Washington en San Luis (Estados Unidos) publicado en la revista Cell Metabolism, de Cell Press. El estudio señala que, después de seguir una dieta cetogénica durante cuatro o cinco meses, aproximadamente la mitad de los participantes con obesidad y prediabetes dejó de cumplir los criterios de esta última. El efecto fue superior al observado entre quienes siguieron una dieta mediterránea o una alimentación baja en grasas.

Tres dietas para alcanzar una misma pérdida de peso

"Sabemos que la pérdida de peso puede mejorar la salud metabólica en personas obesas. Nuestros datos sugieren que, si se tiene un alto contenido de grasa en el hígado y prediabetes, reducir la ingesta de carbohidratos puede tener importantes efectos terapéuticos sobre el metabolismo, más allá de la simple pérdida de peso", explica Samuel Klein, autor principal del estudio en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis, Misuri. Se estima que alrededor del 40% de los adultos estadounidenses padecen obesidad. En este contexto, los profesionales sanitarios suelen recomendar diferentes estrategias alimentarias, entre ellas las dietas bajas en grasas, las bajas en carbohidratos y la dieta mediterránea. Sin embargo, no estaba claro si alguna de ellas podía proporcionar beneficios metabólicos adicionales a los derivados de la propia pérdida de peso.

Las tres opciones analizadas presentan diferencias importantes en su composición nutricional. La dieta baja en carbohidratos, también conocida como Atkins o cetogénica, restringe de forma severa los carbohidratos, mientras que una dieta baja en grasas puede obtener hasta el 70% de su energía de los carbohidratos. Por su parte, la dieta mediterránea se basa principalmente en alimentos de origen vegetal, como verduras, aceite de oliva y frutos secos, además de cantidades moderadas de pescado y lácteos. La dieta cetogénica, en cambio, puede incluir alimentos con un elevado contenido de grasas saturadas, incluidos productos de origen animal. Para analizar los efectos metabólicos de estas pautas alimentarias, Klein y su equipo realizaron un ensayo clínico con 42 participantes con obesidad, prediabetes e hígado graso. Los investigadores los distribuyeron aleatoriamente en tres grupos: uno siguió una dieta cetogénica, otro una dieta mediterránea y el tercero una alimentación baja en grasas y rica en vegetales.

Menos grasa en el hígado

La composición de cada alimentación fue diferente. En el grupo cetogénico, únicamente el 4% de las calorías procedía de carbohidratos, mientras que el 73% procedía de grasas. En la dieta mediterránea, los carbohidratos representaron el 50% de las calorías y las grasas el 35%. En el grupo basado principalmente en vegetales, el 70% de las calorías procedía de carbohidratos y el 15% de grasas. Los investigadores ajustaron la ingesta calórica individual para conseguir que todos los participantes perdieran aproximadamente un 10% de su peso corporal, un objetivo que alcanzaron después de entre cuatro y cinco meses. Al terminar la intervención, las tres dietas habían conseguido una reducción significativa de la grasa corporal. Además, los participantes mostraron una mayor sensibilidad a la insulina, lo que mejoró la capacidad de sus organismos para regular el azúcar en sangre. Sin embargo, la dieta cetogénica obtuvo los mejores resultados en diferentes indicadores relacionados con la salud hepática y metabólica.

Una de las principales diferencias se observó en la cantidad de grasa acumulada en el hígado. En el grupo que siguió la dieta cetogénica, esta se redujo de media un 67%, frente al 45% registrado tanto en el grupo de dieta mediterránea como en el de alimentación basada en vegetales. Las diferencias también fueron visibles al analizar la evolución de la prediabetes. Tras la intervención destinada a conseguir la pérdida de peso, aproximadamente el 50% de los participantes que siguieron la dieta cetogénica ya no cumplía los criterios de prediabetes. En el grupo que siguió la dieta mediterránea, este porcentaje fue del 29%, mientras que entre quienes priorizaron los alimentos de origen vegetal se situó en el 7%. Los autores sitúan estos resultados en un contexto en el que los medicamentos basados en GLP-1 han transformado el tratamiento de la obesidad al permitir conseguir una pérdida de peso significativa.