Lo que antes sonaba a ciencia ficción empieza a materializarse en experimentos reales. Equipos científicos de distintos países estudian cómo reacciona el organismo humano cuando se somete a condiciones extremas, y las investigaciones más recientes señalan un elemento silencioso pero crucial. Un factor que siempre ha estado presente y que, sin embargo, podría convertirse en la frontera que determine hasta dónde puede llegar la vida fuera de la Tierra.
Cómo tener un hijo en el espacio
Tener un hijo fuera de la Tierra podría requerir más que voluntad y tecnología. Una investigación de la Universidad de Adelaida (Australia) sugiere que la ausencia de gravedad altera la capacidad de los espermatozoides para orientarse, un aspecto clave para que puedan cumplir su función. El trabajo, publicado en Communications Biology (Nature Portfolio), abre nuevas preguntas sobre la reproducción en entornos extraterrestres. El estudio, realizado por equipos del Instituto de Investigación Robinson, la Facultad de Biomedicina y el Centro Freemasons para la Salud y el Bienestar Masculino, analizó cómo condiciones similares a las del espacio podrían influir en la navegación espermática, la fecundación y las primeras etapas del desarrollo embrionario.
Para ello, los investigadores utilizaron muestras de esperma de tres especies de mamíferos (incluidos humanos) y las sometieron a un clinostato 3D, un dispositivo que recrea la microgravedad mediante la rotación constante de las células, provocando su desorientación. Después, los espermatozoides debían avanzar a través de un laberinto diseñado para imitar el recorrido que normalmente realizan en el tracto reproductor femenino. La investigadora principal del estudio, la doctora Nicole McPherson, del Instituto de Investigación Robinson de la Universidad de Adelaida, explica que por primera vez han podido comprobar que la gravedad influye de manera directa en la capacidad de los espermatozoides para orientarse dentro de un conducto similar al tracto reproductor.
Observaciones del estudio
Según detalla, en condiciones de microgravedad se observó un descenso notable en el número de espermatozoides capaces de avanzar correctamente por el laberinto experimental, en comparación con lo que ocurre bajo gravedad normal. Este efecto se repitió en todos los modelos analizados, pese a que la forma de moverse de las células no cambió. Esto sugiere que el problema no está en la motilidad, sino en la pérdida de dirección provocada por otros factores.
El equipo también comprobó que la presencia de progesterona ayudaba a que más espermatozoides humanos superaran las dificultades generadas por la microgravedad simulada. McPherson apunta que esto podría deberse a que el óvulo libera progesterona de manera natural y que esta señal química podría servir de guía, aunque insiste en que será necesario seguir investigando para confirmarlo y explorar si puede convertirse en una solución viable.
Fases del embrión
El equipo también examinó cómo influye la microgravedad en el proceso de fecundación y en las primeras fases del desarrollo embrionario utilizando modelos animales. En sus experimentos observaron que, tras cuatro horas en condiciones similares a la gravedad cero, el número de óvulos de ratón que lograban ser fecundados se reducía alrededor de un 30 % respecto a lo que ocurre en condiciones terrestres.
Según explica McPherson, las tasas de fecundación disminuyeron de forma clara cuando la exposición a la microgravedad se prolongó entre cuatro y seis horas. Y cuando el tiempo era aún mayor, los efectos resultaban más acusados: aparecían retrasos en el desarrollo y, en algunos casos, una menor cantidad de células destinadas a formar el feto en las primeras etapas embrionarias. Estos resultados ponen de manifiesto la complejidad de la reproducción en entornos espaciales y la necesidad de estudiar cada fase del proceso con detalle. Aunque ya existían trabajos que analizaban cómo se mueven los espermatozoides en el espacio, hasta ahora no se había evaluado su capacidad para orientarse dentro de un canal reproductivo bajo condiciones controladas de microgravedad.
