La caída de la esquiadora estadounidense Lindsey Vonn ha sido la más dramática, y ha puesto sobre la mesa una pregunta que cualquier aficionado a los deportes de invierno debería hacerse: qué ocurre realmente en el cuerpo cuando se practica este tipo de deporte y por qué algunas lesiones son casi inevitables.

Cada deporte, su lesión

El esquí alpino y el snowboard son las disciplinas con mayor riesgo, según Francisco Javier Rubio, secretario general de la Sociedad Española de Medicina del Deporte. En el esquí, la rodilla es la gran víctima; los esquís actúan como palanca en las caídas y fuerzan la articulación hasta dañar ligamentos. En el snowboard, en cambio, son las muñecas y las manos las que más sufren, porque el instinto de frenar la caída con los brazos extendidos las expone directamente al impacto.

En los saltos de esquí, donde se alcanzan velocidades de unos 90 kilómetros por hora, son las rodillas las que absorben toda la fuerza del aterrizaje. En las especialidades con acrobacias, el riesgo se desplaza hacia la cabeza y la médula espinal. La buena noticia es que la mayoría de los accidentes en deportes de invierno son leves o moderados, y que la mejora del material, cascos, botas, fijaciones y tablas, ha reducido considerablemente la gravedad de las lesiones.

El frío como enemigo silencioso

Más allá del impacto físico, hay un factor que condiciona el rendimiento y multiplica el riesgo de lesión, el cual que muchos aficionados pasan por alto; el clima. Cuando las temperaturas son extremadamente bajas, el cuerpo reduce el flujo sanguíneo hacia las extremidades para proteger los órganos vitales. El resultado es que los músculos, tendones y ligamentos pierden elasticidad y se vuelven más rígidos, lo que hace que cualquier esfuerzo súbito pueda acabar en desgarro o contractura. La capacidad explosiva también cae, los saltos y los sprints se resienten porque el tejido frío simplemente no responde igual.

A esto se suma la altitud, protagonista silenciosa de los Juegos de Invierno. A mayor altura, menos oxígeno disponible, lo que provoca más fatiga cerebral, peor coordinación y mayor propensión a las caídas. El consejo del especialista es claro: si vas a practicar deporte en un entorno de altitud diferente al tuyo, no llegues el día anterior. El cuerpo necesita tiempo para adaptarse.

Lo que puedes aplicar en tu próxima escapada a la nieve

Todo esto no solo aplica a los olímpicos. Cualquier persona que se calce unos esquís en su fin de semana de invierno está expuesta a los mismos mecanismos. Calentar bien antes de bajar, no subestimar el frío, hidratarse aunque no se sienta calor y respetar el nivel de las pistas son hábitos sencillos que marcan la diferencia entre volver a casa con una buena historia o con una lesión de rodilla que se alargue meses.