Un equipo de la Universidad Dokuz Eylül, en Turquía, ha presentado en el Congreso Europeo sobre Obesidad nuevos datos que ayudan a entender por qué el abordaje clínico debería adaptarse al perfil biológico de cada paciente.

Diferentes consecuencias entre géneros

Los resultados muestran que los hombres con obesidad tienden a acumular más grasa en la zona abdominal, un tipo de tejido especialmente activo desde el punto de vista metabólico y estrechamente relacionado con un mayor riesgo cardiovascular. Esta acumulación se acompaña con frecuencia de niveles elevados de enzimas hepáticas, una señal temprana de que el hígado puede estar sufriendo daño incluso antes de que aparezcan síntomas evidentes. Este patrón convierte a los hombres en un grupo con mayor probabilidad de desarrollar complicaciones como hígado graso, hipertensión o resistencia a la insulina. En las mujeres, en cambio, el perfil de riesgo adopta otra forma. Aunque suelen presentar menos grasa visceral que los hombres, los análisis revelan una mayor tendencia a la inflamación sistémica y a niveles más altos de colesterol, dos factores que incrementan la probabilidad de desarrollar enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2. Esta respuesta inflamatoria más marcada podría explicar por qué algunas complicaciones aparecen de manera diferente o más tardía en mujeres con obesidad, especialmente a partir de la mediana edad.

El trabajo se enmarca en un contexto global preocupante. En 2023, más de 1.500 millones de adultos vivían con síndrome metabólico, uno de los conjuntos de factores de riesgo más peligrosos para la salud cardiovascular. La obesidad abdominal, el colesterol elevado, la hipertensión y la glucosa alta en ayunas forman parte de un cuadro que aumenta de forma notable la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 o enfermedad cardíaca. Aun así, hasta ahora faltaban perfiles cardiometabólicos diferenciados por sexo que permitieran entender cómo se manifiestan estos riesgos en hombres y mujeres con obesidad. Para cubrir esa laguna, el equipo analizó datos de más de mil personas atendidas en la Clínica de Obesidad de la Universidad Dokuz Eylül entre 2024 y 2025. Se evaluaron parámetros físicos, perfiles lipídicos, marcadores hepáticos y renales, así como indicadores inflamatorios. Los resultados mostraron que los hombres presentaban un índice de masa corporal ligeramente superior, pero sobre todo una circunferencia de cintura mucho mayor, un dato clave porque la grasa abdominal está estrechamente vinculada a complicaciones metabólicas. También registraban niveles más altos de enzimas hepáticas y triglicéridos, señales que apuntan a un mayor riesgo de daño en el hígado y alteraciones metabólicas.

Raíces biológicas

En las mujeres, el patrón era distinto. Aunque su acumulación de grasa visceral era menor, mostraban niveles significativamente más altos de colesterol total y LDL, además de marcadores inflamatorios elevados como la proteína C reactiva o la velocidad de sedimentación globular. Esta combinación sugiere una mayor carga inflamatoria y un riesgo cardiovascular que puede manifestarse de forma diferente al de los hombres, especialmente a medida que avanza la edad. Los autores del estudio señalan que estas diferencias tienen raíces biológicas claras. Las hormonas sexuales, en especial el estrógeno, influyen en cómo se distribuye la grasa y en la respuesta inflamatoria del organismo. Las mujeres tienden a almacenar más grasa subcutánea y a mostrar una respuesta inmunitaria más intensa, en parte por factores genéticos como la presencia del cromosoma X. Los hombres, por su parte, acumulan más grasa alrededor de los órganos internos, un tipo de tejido que se asocia con un mayor riesgo metabólico.

Aunque los resultados son sólidos, los investigadores advierten de que aún es pronto para extraer conclusiones definitivas. El estudio es transversal, lo que impide establecer relaciones causales, y se ha realizado principalmente con población turca, por lo que será necesario ampliarlo a otros grupos para confirmar los patrones observados. Aun así, los autores coinciden en que estos datos abren la puerta a un enfoque más personalizado en el tratamiento de la obesidad, uno que tenga en cuenta las diferencias biológicas entre hombres y mujeres para mejorar la prevención y el manejo clínico de la enfermedad.