Ftalatos, perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) o metales pesados, como el cromo, son algunas de las sustancias que se pueden encontrar en determinadas prendas de ropa, que a largo plazo pueden dañar la salud por la alteración del sistema endocrino y generar patologías de riñón, tiroides y hasta tumores.

Las consecuencias para la salud

La investigadora del IS Global Nuria Güil explica a EFE Salud que los PFAS son una familia de más de 10.000 compuestos que se caracterizan por tener una cadena de carbón que les hacen ser impermeables. Se utilizan mucho en "una cantidad infinita" de materiales que, en el caso de la ropa, incluyen los abrigos que repelen el agua, pero también la ropa de deporte. También los "tejidos mágicos" que no se manchan suelen llevar componentes perfluorados.

"Se acumulan en sangre y en algunos órganos durante muchos años. Algunos pueden estar hasta veinte años. Se unen en la sangre a la albúmina y van transportando las sustancias por nuestro cuerpo, tienden a acumularse, sobre todo en el hígado, riñones y tiroides", admite Güil.

Y se han asociado a algunas enfermedades como el hipertiroidismo o el hipotiroidismo porque penetran en los mecanismos biológicos de la regulación de las hormonas. "También con ciertos tipos de cánceres, y son compuestos que, por ejemplo, durante el embarazo cruzan la placenta y digamos que ya en la vida fetal hay una exposición y puede alterar la programación fetal. Se ha relacionado mucho con el bajo peso al nacer en los en los recién nacidos", manifiesta la investigadora del ISGlobal.

Y hay estudios que relacionan estos químicos con una peor repuesta del sistema inmunitario, al reducir la eficacia de las vacunas, pero también con enfermedades relacionadas con el hígado graso, con una subida del colesterol y de la presión arterial.

Es cierto que, manifiesta la investigadora, la ropa no es la principal y más grave exposición que hay a tóxicos, sino es a través de los alimentos y del aire que respiramos. También por el contacto dérmico, pero no es lo mismo una crema con disruptores endocrinos que una chaqueta que los contenga, por ejemplo.

Los niños están muy expuestos

Los niños son la población más vulnerable, manifiesta Güil. En el mismo sentido se pronuncia, en conversación con EFE Salud, la profesora de Investigación Ad Honorem del Instituto de Salud Carlos III, Argelia Castaño, quien cita un estudio de la Universidad de Granada sobre tóxicos en ropa de bebé, en concreto, los calcetines, que contienen restos de bisfenol-A y parabenos.

Ambos productos son tóxicos y alteran la actividad hormonal causando graves enfermedades tanto en etapa infantil como en adultos. En concreto, el informe comprobó la presencia del componente plástico bisfenol-A y de parabenos, concentraciones que en las prendas más baratas eran de un máximo de 3.736 nanogramos de bisfenol-A por gramo de calcetín, una cantidad casi veinticinco veces superior a la encontrada en el resto.

Posibles soluciones

Güil además destaca que es cierto que en la UE hay regulaciones más estrictas que en el resto el mundo y que uno de los problemas son las mercancías que vienen de otros mercados no tan regulados, al igual que pasa con los alimentos y los pesticidas.

A su juicio, es necesario mejorar el etiquetado y fomentar alternativas sin químicos peligrosos. Por parte de los consumidores, "sin caer en alarmismos" pueden disminuir la exposición a este tipo de tóxicos en la ropa y ser conscientes de la situación.

Y por encima de todo hace hincapié en que se lave la ropa antes de estrenarla porque con ese gesto ya se disminuye más de la mitad del riesgo al eliminar parte de estos contaminantes. En el mismo sentido se manifiesta la profesora del ISCIII: "Si tuviera que aconsejar algo a los ciudadanos que utilizan este tipo de tejidos es que cuando compren ropa, independientemente de donde provenga, que la laven antes de utilizarla, es una precaución básica que hay que tener".

Cuanto más naturales sean es mejor

Pero también que traten de comprar ropa de materiales cuanto más naturales mejor porque se disminuyen las probabilidades de que hayan pasado por tratamientos que puedan resultar tóxicos.

"Un algodón orgánico o las lanas naturales, obviamente, tienen muchas menos posibilidades de tener residuos de tratamientos tóxicos", dice Castaño.

No obstante, matiza, no quiere decir que los productos artesanales tengan siempre la garantía de que son inocuos, sobre todo por los tintes que puedan usar.