La ortorexia es un trastorno alimenticio que comparte rasgos similares con la bulimia y la anorexia. Puede resultar igual de peligroso, ya que consiste en prescindir de grasas saludables que aportan vitaminas esenciales al organismo, como la vitamina D, debilitando al sistema inmunitario.

En este sentido, la necesidad de llevar una dieta saludable conduce a no consumir aquellos nutrientes que se consideran dañinos para el organismo, lo que desencadena este trastorno obsesivo compulsivo que conlleva grandes problemas de salud.

Las dietas alimentarias de quienes lo padecen son muy restrictivas: evitan alimentos que lleven grasas, azúcares, conservantes, colorantes u otros componentes que consideren ‘insalubres’. Esto provoca pérdidas de peso exageradas, falta de energía, fatiga y mayor facilidad para sufrir lesiones.

Todo ello va unido a un exceso de actividad física por parte de un organismo carente de nutrientes. Su permanencia en el tiempo ha llegado a generar problemas de salud que han requerido de intervenciones quirúrgicas.

También se han dado casos en los que el individuo se ha desmayado y ha sido necesario administrarle tratamientos de hidratación controlada o implantarle sondas nasogástricas de alimentación o gastrostomías endoscópicas percutáneas.

La aparición de este trastorno se aprecia en comportamientos que persiguen mejorar la salud de manera obsesiva, como pasar más de tres horas diarias pensando en la dieta, planificar las comidas rígidamente, midiendo de forma estricta la cantidad y la composición de cada alimento, y sintiendo gran culpabilidad si se salta alguna exigencia.

Sus consecuencias físicas y psicológicas deben ser identificadas y tratadas con rapidez por expertos en salud física y mental. La principal solución a este trastorno se suele encontrar en la psicología.

Finalmente, el tratamiento se basa en la concienciación del paciente sobre los riesgos nutricionales y sociales que corre, para lo que también es fundamental el apoyo de su entorno social y familiar.